jueves, febrero 12, 2009

MUESTRA UNIVERSITARIA

Me han prestado la revista CA N° 138 del Colegio de Arquitectos donde está la Muestra Universitaria XVI Bienal de Arquitectura, Santiago es Chile, por supuesto. 2008. Hace mucho que dejé de pertenecer a la asociación gremial porque como dice la canción de Julio Iglesias “lo mejor de la vida me lo he llevado yo”. Trabajé allí algo más de doce años. Participé en la organización de la Primera Bienal de Arquitectura de la V Región junto al maestro Manuel Hernández, mi proyecto de título representó a la Universidad de Chile de Valparaíso en el Museo Nacional de Bellas Artes y por Dios cómo trabajamos en el SAT con mi inolvidable amigo, maestro y vecino, Osvaldo Muñoz o el “gigante egoísta” como alegremente le decían mis hijas, por los habituales enojos que le causaba ver su jardín hecho trizas por las barrabasadas de mis retoños, pero su corazón era magnánimo y descomunalmente afectuoso y más verdadero que el cuento de Oscar Wilde. Así es que hojeo y ojeo las páginas de esta revista con cierta nostalgia. Me deshice de la colección CA en un cambio de casa. Los libros pesan cuando se coleccionan y la revista CA que nació como AUCA (Arquitectura, Urbanismo, Construcción y Arte) debe estar llegando sobradamente al metro cúbico. Un metro cúbico de páginas puede doblegar la losa más nervada, por lo cual es mejor acumular recuerdos livianos como el alma.

En la página NOTICIAS aparece un tercer lugar para la Universidad de Valparaíso en un concurso de Arquitectura CAP y en su justo mérito nos alegramos del gratificante reconocimiento al profesor como a sus alumnos Rubén y Alexander autores del anteproyecto para este encargo. Para beneplácito de los alumnos y disconformidad de la universidad me parece que el orden de las nominaciones debiera ser inverso porque así está el fuego de la pasión; brazas, llamas, humo. Y lo digo porque la universidad de mis afectos ha logrado enviar sus señales de humo entremedio de ese 90% de autores pertenecientes a la Región Metropolitana. Mérito no menor si se considera que de tres o cuatro escuelas originarias en 1971, hoy existen 44 y además con el timbre o marca o llaga casi fratricida y sutil siempre, de la competencia y el marketing entre ellas. En una competencia, ¿quién sabe cuál es la meta correcta? ¿Quién dictamina la meta? ¿A qué llegar primero?

Aclaro que pertenezco al 90% de arquitectos, que pese a lo sobresaliente que pudieron ser sus Proyectos de Títulos, está alejado del proyectar y se dedica a otros menesteres como en mi caso; la gestión inmobiliaria. Lo cual me transforma en penitente víctima y no cómplice de las obras de mis colegas que habito, padezco o comento. Hago la salvedad; estoy fuera de toda pretensión académica y opino como paseante. Y si se produce algún rasguño; clemencia demando.

Volviendo al tema relevante del Concurso Muestra Universitaria XVI Bienal de Arquitectura, entre las hojas me aparece el primer lugar; espectacular. El segundo, el tercero, las menciones honrosas y prácticamente la totalidad corresponden a facultades fuera de Santiago con trabajos asociados a la intervención en el paisaje. Seguramente todos los participantes son proclives a La Patagonia Sin Represas. Es un comentario malicioso el que hago y con algo de sarcasmo pero también con ternezas dado que las problemáticas comunes al quehacer, como se decía, siguen siendo las mismas de pasados años, sólo que no ideologizadas.

Y aquí me detengo; aparece una universidad de gran nombre: Arturo Prat Chacón, ¡Qué notable bautizo! Hoy, en que aparecen nombres de ilustres desconocidos en las calles por quien sabe qué arte de birlibirloque donde un funcionario imprime para la posteridad el nombre de cualquier misterioso, ese nombre: Arturo Prat, es un acierto trascendental.


Los desafío, a que me indiquen el grado de notabilidad que se debe alcanzar para optar a un nombre en un pasaje sin salida, callejón, calle con doble sentido del tránsito o avenida con bandejones arbolados por algún meritorio personaje como la que obtuvo don José Alcalde Delano, por ejemplo. Tal vez fue un ilustre ciudadano adalid de su comuna. ¿Quién sabe? Pero la avenida tal merece, si no mejor nombre, a lo menos pomposidad de prócer connotado o elevada nominación poética, folklórica incluso.
Lo importante de esa muestra de la Universidad Arturo Prat es que está patrocinada por el profesor destacado colega y amigo Víctor Giannoni Buneder dicho esto sin ninguna coma me enorgullece que mi viejo compañero de croqueo condiscípulo condiscipulorus y nunca acólito ni compinche pero cómplice de gustos mayores de la Generación 71 apadrine ese novedoso anteproyecto en el desierto que estando posicionado en el norte del país, que le dicen, alcanza a mis preocupaciones mayores: la cuenta del agua, la luz y la vivienda en que habito, o para música de oídos correctos; eficiencia energética, que le llaman.












De bella eficiencia es el proyecto y esas casitas son todo lo que yo quisiera para ser feliz. Nada más transcendente que vivir en armonía plena con la naturaleza y más sublime aún que eso lo provoque la arquitectura y para qué decir, si es de alguien a quien se quiere. Esa piel atrapaniebla también atrapa mis mejores emociones. Miro las curvas de nivel cortadas por acucioso cuchillo cartonero…déjenme llamarlo así…y me imagino a Vitucho de la generación 71, o monseñor Vitucho para los que compartimos secretos íntimos, orientando con toda la paciencia de la que siempre hizo gala. No puedo dejar de pensar en sus acertadas correcciones con la correspondiente bonhomía y cálida sonrisa. No sé sus pupilos; pero así lo recuerdo yo.

Sigo hojeando y ojeando y aparece un concepto que me produce tiritones existenciales; “Obras Proyectuales” ¡Santos Cielos! Debo estar ñoño y recurro a la RAE. No existe. ¡Cómo recuerdo un comentario de un arquitecto uruguayo!, ya decano y senil, – ustedes, a los arquitectos chilenos se refería… ¡que escriben bonito! Me hubiera gustado golearlo por un cinco a cero en el Centenario, el mítico que le dicen, pero no fue posible, a lo más un pálido empate a cero en nuestras comunes obras de albañilería a soga. Me gustaría saber si aquella palabra implica rigor, interdisciplina, experiencia y conexión con la realidad. Leo con acuciosidad para develar el concepto de aquel coctel de noción brumosa para asimilarlo a otras modas ya pasadas como plataforma de lucha…pero nada. Me gusta más, devenir aciago, por un decir o por un ejemplo. Pero sobre gusto no hay nada escrito.

¡Cómo ha mejorado la nitidez de las imágenes de la CA! Y tres menciones honrosas para la Universidad de Talca. Talca…pero si el profesor guía es Juan Román, otro egregio alumno de la Universidad de Valparaíso y compañero de tertulias poéticas y inasibles divagaciones. Notable. Lo notable es el lenguaje de sus alumnos para describir sus obras. Clarito. Asertivo. Verdadero. Auténtico. Todas estas palabras fluyen desde sus proyectos. Es Juan Román hablando. Vaya fortuna la de aquellos al alero de su sensibilidad. Esta edición me produce inmensas satisfacciones y también orgullo hasta el suspiro.

















Ya estoy llegando hasta el final de este vistazo y apuro el ojeo para devolver la revista a su dueño, cuando me aparece el proyecto de la Universidad Andrés Bello. Página 72. ¡Ah! compañera Sonia Soto León, si vieras estas imágenes no lo creerías. Hay un proyecto llamado PLAZA FLOTANTE, idéntico a tu proyecto de tercer año con el profesor Julio Rojas que hiciste recién ayer en papel mantequilla español, lucero de alba, luz de mis días, para reemplazar al Muelle Vergara de Viña del Mar. Ese que ya se hunde por vejez y menos drama que el Titanic. Estoy perplejo, es tan idéntico que no podría decir cuál es el mejor brillo entre una gota de agua y otra de igual destello. Algún comedido gritaría que eso es plagio; iniciemos la demanda hasta las últimas consecuencias que está en juego la propiedad intelectual, estampemos nuestra denuncia en el comité de ética, etcétera etcétera… pero a mí sólo me asalta el deseo de conocer a esa posible belleza que ha pensado igual a ti flotando de pie frente al espejo del agua.














Tal vez sonría igual a ti. Tal vez tenga en su dedo del corazón un anillo con perlita. Tal vez el bolsón donde cabe una croquera huela a hierbas de fina selección y el monedero tenga monedas de aluminio con el pase escolar y crea todavía que la goma miga se le perdió entre las huellas de sus pies desnudos en la arena rubia de la playa pues no sospecha que se la ha comió Pelusa, su coquer regalona.Tal vez alguien le jura amor eterno.













El claro raciocinio que hacia respecto de los encuentros en esta revista se me ha turbado. Pues me trae recuerdos de cuando te detuvieron los militares por andar croqueando con tu ponchito de la Ligua y tu peinado de tomate glorificando tus inmensos ojos pardos. Si parecía que flotabas más que esa PLAZA FLOTANTE que imaginabas.

Fue cerca del regimiento Coraceros y por la paranoia de un centinela más asustado que un conejito de Pascuas con la letra Z. Pero si llegó un jeep del que se bajaron cinco soldados de inmensos bototos, tiznados como en un reality, armados con sus fusiles mil punto no sé cuánto, de abronconados gritos para llevarte detenida en tu metro sesenta y dos y tu vestido de domingo, a la fría sala de guardia del Coraceros. Diste tu domicilio y dirección y el teniente gentil tuvo la deferencia de comprobar tu domicilio llamando a tu casa del cerro Castillo, donde respondió tu mamá, quien haciendo honor a su personalidad ordenó con un sonoro:

- ¡Dígale que se venga inmediatamente para la casa!

Y el teniente que tenía mamá, obedeció.

¡Qué buena edición la 138! Ciudad y Arquitectura.

Rubén Cárcamo Bourgade
ICA 4103

lunes, diciembre 29, 2008

PUNTA ARENAS y EL GATOPARDO
de Giuseppe Tomasi di Lampedusa.

Punta Arenas, martes 22 de Diciembre de 1990.

Querido amigo Agustino:

No recuerdo si fue el cartel de su versión cinematográfica o algún artículo o escuchar repetidamente por eruditos y sesudos comentaristas, ese axioma conservador pero audaz sobre los cambios históricos:

"Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie. ‘‘


O qué sé yo; el caso es que compré El Gatopardo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa. Rondaba por mi cabeza. Tapas de cartón, biografía del autor, resumen de la obra, versión completa y con ilustraciones originales. ¡Como los libros de antaño! Volvió a mí, como la primera vez que lo vi. ...

Hacia mucho tiempo que conocía El Gatopardo. Cayó en mis manos de niño porque seguramente lo llevó a casa el Tío Vinicio. Has de saber que tengo familiares italianos de tomo y lomo. No recuerdo haberlo leído pero me parece que lo revisé y no me interesó mayormente pues su lectura era muy sofisticada para un muchacho de 11 años. Me llamó la atención porque en su portada se recortaba de espaldas la silueta de un señor con pelo rojo ensortijado de abrigo acinturado, botas de caza y fusta. Todo de negro. Al fondo, en violeta brumoso entre el follaje de doradas hojas, aparecía un lago liso y quieto que más parecía un estanque de profundidades muertas y sobre el cual descansaban difusamente unos rocas manchadas de vegetación verde veronés que se sumergían inconmovibles al terror de esas aguas quietas. Y ya en tonos violáceos, la perspectiva difusa de los cerros y las nubes del cielo Siciliano. Era lo más parecido a esos paisajes impresos en las cajas de cartón para chocolate con una cinta de seda amarilla cruzada en una esquina y que se mantenían invictas en las vidrieras de mi otro tío; el francés tío Raoul. Pero sus bombones a esa edad, me refiero a las exquisiteces de su texto, no me eran digeribles. El Gatopardo no dejaría de llamarme.

El tío Vinicio Ciscutti era un garibaldino. Ese héroe de la unificación italiana de cuando Venecia, Génova y la misma Roma no pertenecían a Italia. Ya sabes lo que es tener parientes italianos. Gritan por todo y a lo tenor. Drama. Música. Pintura... Falta de templanza. Por eso amo la paradójica mesura española. Mesura hasta el sufrimiento pedía Séneca a quienes se gozaban en el arte de pensar. Sin mesura todo es mucho más arisco, árido, pobre y triste. Aunque otros de sangre anglo sajona gritan por el exceso que santifica; ese era Blake. Contradicciones.

El Gatopardo se publicó en Italia en 1957 y en Punta Arenas debe haber sido allí por el 62 cuando cayó en mis manos. Lampedusa sitúa la acción de la novela 100 años antes, en la Sicilia de 1860, cuando desembarca Garibaldi en la isla Sicilia en plena campaña de unificación de Italia. El protagonista es el príncipe Fabrizio de Salina, quien asiste al fin de un estilo de vida y de la hegemonía de una clase social muy parecida a la de nuestros estancieros de los años 60. Pero a nosotros nos faltaba historia por vivir y creo que nadie, a menos que se deje llevar por la febril lírica, podría haber hecho alguna similitud entre lo que ocurría con algunos terratenientes locales y la historia de nuestro príncipe.

La fecha de la unificación italiana te puede parecer muy vieja pero si en verdad comienzas a sacar cuentas, estamos hablando de la fecha en que nuestros abuelos eran rapaces saltando entre los bultos de los malecones de los puertos que destinaban a …¡lámerica!... Claro que entre la edad rapaz de nuestros abuelos y mi edad senil ha pasado ya más de un siglo. Pero no es nada. La historia está aquí, a una voz de la verdad.

Será en mi adolescencia cuando me encuentre una vez más con la palabra El Gatopardo. Y fue en mi "cinema Paradiso"; el Cine Carrera de Quilpué . Allí se estrena la película con Burt Lancaster como el Príncipe, Alain Delon como Trancredi y Claudia Cardinale como Angélica. Las imágenes eran pulcras y recuerdo el rostro del Príncipe mirando en el espejo cómo se desliza por su rostro en decadencia, una solitaria e incontenible lágrima. Debe ser la mejor escena de Burt Lancaster. Hay mucho diálogo que reproduce literalmente el texto y eso es un agrado. Está el vestuario fastuoso y un largo baile que ocupa un tercio de la película que asocio en el ritmo, a otra gran película; la Edad de la Inocencia.
...
No sé si El Gatopardo es la mejor película italiana del siglo XX pero puedo afirmar que la novela es imponente, maciza. Estamos pues, ante un clásico en el mejor sentido de la palabra. Una de esas obras que al leerlas convierten la actualidad en puro ruido de fondo. Escéptico respecto a las revoluciones, amante del progreso, pero educado con todos los estigmas del antiguo régimen, el Príncipe combina su despectiva incomprensión hacia los burgueses con un desprecio manifiesto hacia los nobles y la apatía por la clase campesina. Hay sólo agrias relaciones agrarias.

“Soy acaso más inteligente, soy sin duda más culto que ellos, pero soy de la misma camada, debo solidarizarme con ellos”.

Es una obra para mayores de edad. Para después de los cincuenta; cuando ya nos dimos cuenta del peso específico que el tiempo adicionó a nuestras erudiciones, a nuestras frustraciones, a nuestras sospechas certeras, a nuestros frágiles éxitos rotundos, a nuestra ecuánime e infalible mirada hacia el pasado.

El Gatopardo es un ángel inmerso en esa burbuja de anaqueles, que me acompañó desde pequeño hasta la hora justa de manifestarse, al igual que las enfermedades seniles sobre mi otrora piel lisa y juvenil que entonces pude adornar con vestiduras intencionadamente modestas; tipo chaquetón marino y que era mi tenida preferida en la universidad para parecer de la vanguardia. Agustino; bajo esa ropa pretendidamente común siempre fuimos príncipes para nuestros padres, tías o criadas y recién ahora estamos ciertos de lo que fuimos. Que digo príncipes;... ¡dioses!

Hay párrafos memorables en el libro que te comento y que son de exquisita agudeza. El Gatopardo observa los acontecimientos con ironía, con soterrada irritación, con pesimismo y enfrenta a un mismo nivel la dialéctica de la historia con la nostalgia personal y que al fin de cuentas, es lo que me ha llamado a escribirte.

Pues bien; el tío Vinicio, hijo de inmigrante casado con pintora y él mismo un cantante furibundo de cuanta aria italiana llegaba por los discos de carbón 78 revoluciones engendró una rubia descendencia para las Bellas Artes. Una de ellas era su hija a la cual yo le decía tía Irma. La recuerdo pianista eximia con aires de Isadora Duncan. Hermosa hasta la perplejidad total. Era rubia intensa que vestía en casa con blancos tules de minuciosos entramados traslúcidos que dejaban ver una piel inmaculada y le daban ese aire de hada de las crónicas celtas.

En las extremadamente pulcras calles venteadas de Punta Arenas caminaba a largos pasos con sus medias de sedas y costuras al medio que cubrían sus piernas bien formadas y con grueso abrigo de piel dorado hasta el cuello, para dejar ondeando libre y traviesa su melena al viento. En su rostro de belleza clásica, se acentuaban los ojos inteligentes, sutiles y una mirada con visos de triste miel. Una diva melancólica. Comprenderás que visitar su casa, la que contaba con una amplia galería vidriada donde se desarrollaban fiestas interminables y concurridas, en las que su piano presidía el paraninfo atiborrado de lámparas de lágrimas, cuadros con marcos de bronce y filigranas en relieve que contenían figuras de cazadores con perros y piezas de caza, retratos, oleos y acuarelas, imágenes sagradas, grandes felpudos y cortinajes de terciopelo levantinos, era entrar en aquel entonces, más que a un palacio; a un cofre gigante de Ali Baba y hoy a un limbo de recuerdos.

También era y lo sé ahora, vivir en las habitaciones del palacio de Fabricio de Salina; el príncipe.Todo el salón parecía estar delineado para ella. Sus cornisas doradas como el cabello de tía Irma no hacia más que remarcar su belleza cuando reía con rubor a los destellos y reflejos de las lámparas.

Aún puedo recordar mi deseo secreto de que las flores siemprevivas con sus colores vivaces dieran su perfume preciso al dorado tenue del ambiente, pero el olor a incienso era levemente intenso y siempre sospeché que era para atenuar el aroma de un animal posado sobre su cama o sobre el piano. Un gato inmenso. Un gatopardo de amarillo pelaje moteado con terrosas rayas de Borneo, de Sumatra, o de Java, ¡que se yo! Tenía dos fascinantes ojos de cristales amarillos que me seguían con la mirada a donde yo me moviera, dos erguidas orejas siempre atentas pero inmóviles, el hocico abierto mostraba sus dientes felinos y el pelaje opaco y hediondo propio de los embalsamados. Era instalado ora en el piano, ora en la cama. Regalo del tío Vinicio para su hija; Irma Ciscutti Bourgade.


La tía Irma era madre de tres niños hermosos como ella y sucios como pordioseros. Ella era un artista que no se ocupaba de los menesteres domésticos. La casa que ocupaba estaba suspendida, flotaba, ondeaba por así decirlo, sobre palafitos y bajo ella el gran patio absolutamente desnudo encuadrado por una espesa cerca de tablas grises. Había sido importada de Francia para cobijar la vida de los Ciscutti - Bourgade y nunca fue pintada, razón del color gris de sus maderas. Adentro todo el decorado rococó del mundo de los sueños de tía Irma. Afuera nada más que el viento intenso de Punta Arenas puliendo las cinco fachadas de la casa y la gran escalinata reseca y relavada por las lluvias permanentes.

Serían las tres de la tarde cuando se inició el ulular de las sirenas desde los cuarteles de los bomberos. Tío Vinicio, en aquel entonces funcionario de Correos, abandonó sus oficinas para correr hacia el cuartel de la Bomba Italia, subió al carro de escalas y hachas que iba saliendo con sólo dos voluntarios quienes con el carro en marcha iban cambiándose de tenida. El carro subió por la Avenida Colón con su sirena a tope y sus luces de emergencia destellando. Ya se divisaban los humos en avenida Bulnes.

Al llegar el carro al sitio del siniestro se encontró con toda la familia de su hija en los bandejones de la avenida. Su casa era una hoguera. Los contó. Estaban todos llorando y tía Irma en su bata de tul adherida a su cuerpo por el viento. En un arranque de drama y ópera, el gran tío Vinicio entró a la casa en llamas y se perdió en la humareda. Los gritos de sus compañeros no lograron detenerlo en su acción irreflexiva. El viento por momentos, empujaba las llamas que ya cubrían todos los frentes y la casa parecía levitar. En cada ventana no se veían más que fuego. El carro bomba mal estacionado ya sufría en sus pinturas el englobamiento por efectos del calor. Tío Vinicio salió agazapado, tosiendo ennegrecido y bajo sus brazos un bulto aún humeante del que sobresalían dos ojos de vidrio que miraban con regaño y la cola aún curvada.

Así como la novela El Gatopardo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa concluye con el disecado perro Béndico arrojado al basurero, haciendo una alegoría terminal de la clase en decadencia, el gran tío Vinicio salvó de las llamas el único legado de su patria; un gatopardo embalsamado, símbolo y emblema de todo lo que contenía la novela de Lampedusa y quizás de todos los recuerdos de su Italia.

Nunca nadie supo por qué ese gatopardo embalsamado llego a casa de tía Irma, ni qué significaba y después del incendio desapareció.Quienes lo vieron posado sobre el piano o sobre la cama, lo olvidaron. Nadie preguntó jamás por él y lo que es peor, soy el único que recuerda con nostalgia al gatopardo posado sobre el piano.

"Cada vez que se encuentra un pariente, uno se encuentra con la espina”; Lampedusa.


Agustino, me despido de ti con un abrazo consistente, denso, macizo, acompañado de un gesto tan fraterno y formidable como un beso.

Leopoldo.

miércoles, julio 23, 2008
















LA COSTANERA DEL LAGO VILLARRICA

Carta abierta a Manuel Gaete Winkelmann

Desde hace algunos meses recibimos noticias de Manuel Gaete informándonos sobre sus textos referidos a la arquitectura orgánica, materia asociada, para los que trabajamos en edificios, al Green Building Rating Sistem (LEED). Él la llama amablemente y sin equivocarse, arquitectura del amor. La cual es también arquitectura respetuosa y respetable, reservada, severa y rigurosa, elevada en los principios que la sustentan, sencilla, divertida o sea expresión medular del talento y la seriedad con que Manuel aborda las tareas que le encomiendan y que en suma no es más que la ética del trabajo que le caracteriza. Hoy se me vienen al recuerdo, a raíz de la construcción de la polémica costanera en Villarrica y motivo de sus desvelos, sus frases de alerta a ese proyecto:

“Proponemos un trazado más suelto, orgánico, escalonado, donde se facilite la relación natural con la playa”.
“La velocidad de diseño nos parece excesiva”,
“El automóvil deberá adecuarse al ritmo del peatón”


Estas frases de respetuosa sensatez y evidentes certezas, no han hecho mella en las autoridades.

Manuel, está luchando ni más ni menos, contra una autopista de alta velocidad que se está tratando de imponer en pro de “esa manía que tiene el ser humano de querer “dominar” la naturaleza y hacer lo que se le plazca” en territorio lacustre. Esta frase también es de Manuel.

Manuel está lideando contra las retroexcavadoras (se me viene a la memoria la imagen de ese hombre anónimo de pie frente a una línea de varios tanques durante la revuelta de la Plaza de Tiananmen de 1989 en la República Popular China). Bueno, no es para tanto me dirán, pero no puedo dejar de ver que su lucha tiene un símil heroico; característica de quien enfrenta desigualdad de fuerzas.

Es el acto final que esperamos antes descalificaciones tan injustas como:
Los opositores no son más de diez personas”,… como si no representaran a nadie.
Tienen tiempo y dinero de sobra”,… como si no se creyera que aún tengamos altruismo.
Los que se oponen no son de Villarrica” como si Villarrica fuera un feudo privado, una entelequia para soñadores o una patria distinta.
Vinieron a vivir acá para descansar y piensan que todo debe seguir tal como estaba”,… como si nosotros fuéramos refractarios al cambio. Nosotros Manuel; refractarios al cambio. Nosotros; los que pasamos la cincuentena hace rato y no hemos cejado de hablar de los cambios desde que tenemos uso de razón profesional, nosotros; cuyo trabajo es alterar, modificar, transformar, amplificar, innovar, transfigurar, revolucionar, renovar, nosotros: cuyo estigma es la mutabilidad,…y no sigo más porque se me vienen palabras asociadas a las vicisitudes del quehacer profesional con su altibajos.

Todo eso lo dice una alcaldesa, funcionaria del estado, cuyo nombre y filiación desconocemos.

Manolo, súmame a esa oposición,… para que seamos uno más,
súmame a esa oposición,… tengo tiempo de sobra y mucho dinero (esto es un decir)
y súmame a esa oposición,… que tampoco soy de Villarrica.
Pero si sé, que cuando se lucha por causas de tan alta generosidad
siempre es uno el que crece en el respeto de sus pares
siempre son muchos los que se adicionan a causas nobles
y siempre se es ciudadano en cualquier lugar de la tierra.

No estás solo en ese altercado con visos de pueril intolerancia.
Un abrazo.
Rubén.



lunes, julio 07, 2008

“...y a mí, que me entierren sin duelo
entre la playa y el cielo.”


Hasta el año antepasado trabajaba en una empresa consultora: buen sueldo, buenos proyectos, excelente trato y todos me amaban. Bueno,... casi todos. No se puede ser tan perfecto. No tenía nada que hacer. Créanme que pasarse todo el día sin hacer nada útil, es tremendamente agotador por lo cual llegaba agobiado a casa y dormía como el que más. Y créanme que tengo una capacidad inmensa, inconmensurable para no hacer nada. Puedo flojear un día o hasta una semana. Meses incluso. Pero no tener nada que hacer en tu trabajo, es como mucho. Es más de lo que se puede aguantar. El ocio mata. No es que yo anduviera sacando la vuelta o tomando café o comentando las copuchas de la farándula con mis compañeros. Me la pasaba todo el día inventando cuentos (Yo; dándomelas de cuentero cuando siempre fui un contumaz poeta) Lo cual me transformaba un perfecto cero a la izquierda. El vacío absoluto. La nada misma. Me estaba convirtiendo en un latero. ¿Qué será de mí? ¿Qué haré con todos los que dependen de mí? ¿Qué haré con estos deberes para los que me criaron? La sola imagen de pasarme el resto de mis días en calidad de huevón inútil sólo me dejaba dos opciones: el suicidio o la renuncia. Como el suicidio estaba totalmente descartado porque no tengo seguro a prueba de muertes voluntarias y porque no soy huevón tonto, me demostré a mí mismo que la única opción decente era renunciar heroicamente.O sea inmolarse por la dignidad.

Me habían dicho, y hasta en la tele, de que a mi edad no es fácil encontrar trabajo. Es un rango de edad que no se menciona en los llamados a postular. Eso dicen las estadísticas y yo no tenía ganas de desafiar tales verdades y lo más probable es que me encontraría con respuestas como ,..."usted excede las modestas necesidades de nuestra empresa" o "su curriculum es demasiado contundente para la función a la que postula". Estaba claro. Debía renunciar. ¿Pero cuándo? La respuesta llegó solita.

- Rubén se nos acabaron los proyectos y debemos finiquitar a nuestros más señeros profesionales.-

Así es que el anuncio sólo me dio un leve empujoncito. Reconozco que igual sentía una cosita. Estaba preocupado. No vaya a ser cosa que pase a ser parte del conocimiento desechable del país, me decía. Sin embargo, me sentí aliviado. No me importó. Me fui sin despedidas ni el famoso reloj con su típica inscripción:

“Gracias por los favores concedidos. Crecimos gracias a ti”.

Ahora deseaba otras cosas: ser libre, tener tiempo para vivir, viajar por el país descendiendo de cordillera a la costa con mi hijo durmiendo en el asiento de atrás, los dos solos y recorrer las oficinas salitreras equipados con las mejores melodías. La station WV parecería cajita musical.

Enseñarle a comer un curanto en hoyo al lado de esos apellidos Navarro, Álvarez, Sepúlveda u Ojeda que son tan buenos para el diente y participar en una minga con sus ancestros Cárcamo.

Buscar en la selva impenetrable dónde enterraron a su tatarabuela colonizadora; Duve Grothe.

Ir a la laguna San Rafael y beber un wisky con hielo de los glaciares para brindar por mis primos croatas, los Mimica y por los difuntos abuelos franceses Bourgade Caperan que llegaron a Chile por el sur.











Mirar la Cordillera de la Sal para atisbar, en la violencia telúrica de sus farellones, qué habrían sentido los primeros conquistadores al llegar a Chile por el norte.


O ir a la hora del crepúsculo al Valle de la Luna y sobre la duna más alta, que como ola relentizada el viento mueve, esperar a esa gigantesca luna llena a raudales de amarillos y recuerdos vetustos para recitarle un poema de amor adolescente a mi mujer hasta hacerla llorar a gritos y tomándola de la mano, como si fuera otra solicitud de matrimonio, decirle que no podré dejar de amarla aunque vivamos una eternidad. Que mi palabra de amor fiel vivirá más allá de lo que pueda esperar y desesperar hasta la nueva edad de los hielos; que dicen que vendrá.

Fumar los mejores puros con dos viejos amigos negros en la playa La Boca en Trinidad, recordando los días de la revolución en Cuba.
Cazar pulpos con el pecho.

Dormir en un colchón de orquídeas en Wayna Pichu a la vigila horizontal de los meandros del Urubamba.



Volver a practicar el parapente.

Subir a Pisco y mirar desde las alturas una manada de potros jugando en un oasis. Comer ese helado de pistacho que nos dejó pendiente Borges, en el patio central de la Universidad Católica de Valparaíso.
¡Sí!: ¡hay que comer más helados!











Subirme a la motocicleta como el Che Guevara y viajar miles y miles de kilómetros sin pensar en regresar. ¿Quién sabe adónde llegaría? Asaltar como un corsario los muros del fuerte Niebla a fogonazos de cañones, redobles de tambores y llamados de corneta.
Y retomar mis pinceles con pelos de camello para pintar La parábola de los ciegos, de Brueghel.



Bajar por los rápidos grado Uno del río Trancura con mi amigo Eitel Thieleman.
Nadar hacia las aguas derramadas desde que el primer pájaro campana puso su primer huevo en la primera rama del primer árbol de la primera semilla del primer surco de Adán que es lluvia caída de los ojos de Eva y que son las Catararas del Iguazú.







Llegar a caballo por Nacimiento al canto de:
“Cruzando por Nacimiento
un día la hube de hallar;
cabellos color de trigo
ojazos claros
besos de pan.

Al mirarla comprendí
que me habría de enredar
en la parva de su pelo
y en los relumbres de su mirar
¡En Nacimiento me fui a cegar!" (Patricio Mann)

Mirar al mar desde el acantilado de Punta de Tralca con todo el tiempo del mundo como si esperara el irremediable fin del universo para que el viento me curta la cara hasta que se me aparezcan las arrugas tiernas de la niñez donde estarán mis últimas cenizas.

Vagar a plena pampa entre coirones, con todo el viento que eso significa, hasta que aparezca el primer piño de ovejas y a mi silbo vendrán los perros ovejeros moviendo sus colas para darnos la bienvenida a mí y mi hijo Camilo.


Explicarle de una vez por todas qué es la Geometría No Euclidiana y que todo lo explica; hasta la vida misma.

Ir a la Cueva del Milodón para que mi hijo vea de dónde viene el origen profundo del miedo que sentimos.













Y a ti padre querido, visitarte donde quedaste dormido, tan lejos de todos nosotros y ponerte esa flor, que te debo desde mi niñez, en el cementerio de Punta Arenas. Y recorrer tus muelles donde me paseaste tomado de la mano.



Y allí me detendré, solemne, con mi hijo frente al Estrecho de Magallanes para decirle que allí nací y que él también pertenece a ese dorado amanecer de la Patagonia.


El día y la vida están por comenzar.










Así es que me gasté toda la indemnización y lo hice. Volví sin ni uno. Cumplí todos mis sueños. La vida no me debe nada y no tengo nada pendiente. Siento que estoy viviendo de nuevo. Por segunda vez. ¿Lo podrán creer?
Ahora lo que tengo es libertad, aprecio y si alcanza,... un poco de cariño. ¿Qué más? Me siento valorado, necesario, vivo. Llevo el pelo largo. Dejé de fumar. Regalé mi automóvil. Me muevo en bicicleta. Boté todas las corbatas y dejé un sólo terno negro, por siaca, al cual denominé al igual que a una mascota como “el e-terno”. No uso reloj, ni cinturón, ni cordones que me aten. No sé qué hora es y ni siquiera en qué día estoy parado. ¿Quieren saber la hora? Pregunten; verán que siempre hay un huevón con un reloj al lado. ¡Que feliz me siento! Y para colmo me llaman a la casa para que les organice la pega a otros.

Esta historia debiera tener alguna moraleja, pero no sé cuál.
Como dice Machado,...
“y a mí, que me entierren sin duelo
entre la playa y el cielo.”


Un abrazo a todos los que quiero y a los que amaré en el futuro…


(A mi hijo Camilo a quien lo saqué de sus clases a mitad de año para que juntos recorriéramos el país durante más de treinta días. Hasta donde sé, fue mejor que asistir al colegio. Hijo; no dejes de ser un fanático por los helados)

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sábado, mayo 17, 2008



Musa
Musa
Musa
Musa


¿Me acompañas a la esquina?
Daremos una vuelta
por las calles que tú más quieras
y por lo que más quieras.
Caminemos tomados de las alas
con el gancho de alfiler que son estas palabras.
Dejemos los pies en casa y caminemos con ventaja
por tu nombre que yo nombro y repito
por mi nombre que tú sabes y repites
sobre el ruido de la orquesta de la Gala
sobre el mantel blanco del banquete
y frente al gesto nimio de los mimos níveos.

Ángel mío sácame una foto en esta trampa
y ponme la cara que tú más quieras.
El aire está suelto de besos a lo lejos
y se nos van. Sostenlos.
Quiero recordar esa imagen de tu estampa.
No quiero más soñarte
en las falaces molduras de los techos
de la ciudad vieja con su brújula perdida
ni en las calles con sus piedras del gran miedo
que son como frutas muertas
en el jardín de los guerreros.

Átame con dulzura
y con el hilo viejo de tus pretéritas costuras
al feroz vuelo de tus sueños y tus compuertas; levántame.
Ven a sentarte riendo
sobre la lengua rizada del banco de la plaza
mira que soy el prócer de los naipes
pegado como estampilla en los vitrales de esa carta
que no llega nunca al destino de tus piernas.

Un farol desenfrenado por brillar entre tus calles
es el poema que te ilumina cuando amaso panes
porque en esa ducha soy tu testigo humedecido.

Léeme el presagio del tiempo, querida
los obituarios, los casamientos
y bésame al mismo tiempo
el mobiliario.
Ya es tarde para nuevos nacimientos.
Dime que está lloviendo pero que todo lo iluminas
o que ilumino mucho
y te refresco la hora obtusa de los noticiarios
incluso cuando estás llorando entristecida.

Entremos al manicomio a mirar los simples tocinos
los sacos de trigo negro y sus cortinas
o la tiza inútil de sus pizarras blancas con todas sus locuras.

Sécame los charcos de la pena de mi infancia,
mientras yo disuelvo tus candados
y reparto ese polen que escondes en tu universo de arenas secas.
Por una vez en la noche
temblemos;
recuerda que tengo el rostro que tú más quieras
y todas las palabras del diccionario en la sangre de mis venas.

Leamos soeces en libros con formas de nubes depiladas
sobre todos los espejos, los fríos modales
las tumbas, los relicarios, los cesantes del vecindario
y por todos los amantes que quedaron a la vera del camino.

El zorzal que te canta y te baila en sus trinos
es para ti.
Y para mí
el animal felino de rubios rizos
que a veces falta.

Todo vuelve y todo ocurre
bajo las altas grúas de Puerto Madero
Pasaremos bajo ellas como flechas
para que esas gaviotas no me afrenten
porque lo nuestro es pasar mintiendo.
Soy El extranjero.

Y volvamos a estos trenes sin locomotoras
que me esperan y te llaman
a caminar la espuma gótica del apio, las alcachofas,
el hipódromo de los desposados
la desintegración del átomo con sus viriles impresoras
los rieles del pensamiento naviero en la estela de tus aguas.
Soy todo oído.
Canta por favor sin bandoneón
que en mi ciudad no hay nadie
pues leves cenizas son sus banderas
y sólo tu voz contra la muerte
llueve goteando aquí en mi peste.
Vamos a la catedral entusiasta
a beber el agua bendita de los milagros
y salpicados con la pintura del patrono santo
saludemos a Sor Margarita Petunia con caligrafía de fileteadores.

- Hola Margarita Petunia –

Comiendo mentas, melones, pepinos, tormentas
tomates cachetes inmensos, nos besaremos en la frente.
Con esas medias de nylon
tus piernas son poderosas y bravas
hasta la luna tus pasos trazan y no te cansas.
Ya sé que hasta donde tú quisieras me alcanzarían esas larvas.

Yo creo que esto es como amarse con ardor
en los paseos públicos y con los bellos púdicos
con gran delicadeza
con extrema erudición.
El aire con sus parábolas y sus litúrgicos cohetes
y sus ampollas en pelotas
son los submúltiplos sueños en lo que me resta de la vida
con su perfecta equación.

Yo no más quisiera amarte
y darle un poco de maní a esos monos de Sumatra, linda
y palomitas de maíz a cada diente tuyo.
Montados sobre el negro alazán del carrusel
girando en nuestra órbita excluyente
seríamos Capuletos o Montescos.
En una de esas
¿quién lo sabe?
terminamos abrazados con certezas
y estridentes. Gigantescos.

Te amaría hasta la muerte.
.
.
(Con gran respeto y profundo afecto para Liliana,
una amiga fraterna que me ha deparado el ciber espacio
y que me perdone este atentado a la confianza,
pero es un atentado celeste)
..
..

martes, noviembre 27, 2007


LAS DESVENTURAS DE CHAPEAU Y VIRGULILLA
(Cuento picaresco dedicado a Carolina Paz Mena, ingeniero civil y "garota fogateira", con quien compartí seis meses de ocio y a quien deseo todo el éxito profesional que se merece y felicidad en su matrimonio que ya próximo, lamentablemente, nos acontece. Por supuesto ella es CHAPEAU y yo su hermano VIRGULILLA).

1
Aquel día en que mi padre vio a morir a nuestra madre Dominique, salió al patio premunido de su navaja y procedió a degollar todos los animales de nuestra granja. Cuando nos observó, a mí y a mi hermana tomados de las manos mirándolo con nuestros rostros sin expresión y esperando que también su navaja rebanara nuestros cuellos, se acercó a nosotros, pálido; con sus mejillas cubiertas de anchas lágrimas que parecían frías láminas muertas. Mi hermana cerró los ojos y yo no dejé de mirar a mi padre. Nos abrazó con su navaja aún apretada entre sus dedos y nos dijo:
- Hoy no habrá cena. Ni mañana.
Dicho esto, se marchó. Creo que con esa hecatombe hizo tres cosas; aplacar la ira por la muerte de la mujer que amaba, demostrarnos el dolor intenso que sentía y el desprecio por nuestras vidas.
2
Este fue el motivo por el cual yo y mi hermana comenzamos a vagar por Galicia y Asturias, sobreviviendo entre pellejerías y pillerías en plena invasión de las tropas francesas.
Puesto que nuestro primer objetivo era sobrevivir al hambre decidimos dirigirnos a Madrid y hacernos llamar Chapeau y Virgulilla. Inventamos la historia de que nuestra madre había sido una actriz cantante de zarzuela chica y que un brigadier francés era el padre de Chapeau y un teniente español perteneciente al Círculo Napoleón, el mío; razón de nuestro dominio en el idioma francés y el castellano.
Vivir en la pobreza puede ser triste, pero ofender la conciencia de quienes no son pobres, es al parecer, la verdadera tragedia, razón por la cual nos ganábamos el pan, sin ofender a nadie, entonando canciones en los poblados y adornándolas con toda clase de instrumentos rústicos o con las palmas de los soldados.
Vi que los franceses eran bien acogidos y con entusiasmo. La parte más educada de los españoles sentía simpatía por esos que traían la modernidad, razón por la cual, otra parte de los españoles los motejaban de afrancesados.
Pero todo se hizo confuso cuando el príncipe Fernando se amotinó contra su padre Carlos IV y entonces los españoles vieron al águila de París, resolver el problema salomónicamente; entregando el trono de España a su hermano José Bonaparte.
Yo y mi hermana nos hacíamos pasar por mansos españoles o ciudadanos franceses, según donde estuviere el pan.

A los franceses les cantábamos desde La Marsellesa hasta la canción de Marlborough:
Mambrú se fué a la guerra,
¡qué dolor, qué dolor, qué pena!
Mambrú se fué a la guerra
no sé cuando vendrá
Do, re, mi, fa, sol, la
no sé cuando vendrá.
Si vendrá para Pascuas
¡qué dolor, qué dolor, qué pena!
Si vendrá para Pascuas
O para Navidad
Do, re, mi, fa, sol, la
o para Navidad. …


Y a los españoles jotas, fandangos, sevillanas o villancicos y hasta sainetes que aprendimos de nuestra madre. Si eran afrancesados le cantábamos:
¡Viva José Primero, el cara de clavel!
descorra las cortinas, que le quiero ver…


Y si eran de los rústicos:
Cuando venga Bonaparte, niña, le tienes que dar
una botella de vino mezclado con rejalgar.
No paseará en carroza el emperador francés
mientras haya en Zaragoza, con sangre un aragonés.
¡Vivan los españoles! ¡Viva la Religión!
Yo me cago en el gorro de Napoleón…


Y así sobrevivíamos en ese Madrid de angostas calles, mal empedradas y pobremente alumbradas, hasta que aparecieron los brigandajes o guerrilleros sin ningún sentido del humor.


3

Puestas así las cosas y ante la brutalidad mostrada por los guerrilleros que nada sabían del honor de la guerra ni de sus códigos militares, decidimos con mi hermana arrimarnos definitivamente a las elegantes tropas francesas. Mi hermana ya debía vestir ropas masculinas que cubrieran sus nalgas y aventajados senos o pronto pariría con dolor. En aquellos tiempos padecíamos hambre de pan.
Convencí a mi hermana de que nos enroláramos en el ejército del Corso. Mal que mal era el momento del Código Civil, algo que nunca entenderían estos descendientes de los visigodos.
Como el país estaba en plena insurrección, la comandancia hizo disponer de tropas que recogieran los víveres; unas para custodiar los almacenes y otras para escoltar los convoyes. Estaba claro que esas tropas serían nuestro objetivo. Había que acercarse donde se come; los almacenes y los convoyes.
Allí andábamos con mi hermanita acarreando papas y cánticos, premunidos ya de los vistosos uniformes franceses del cuerpo del ejército imperial de “le maréchal Jean Le Pain” muy preocupados de que no aparecieran las intratables huestes del Empecinado, el máximo exponente de la guerrilla española financiada por los ingleses. No se entendía cómo la España antigua aliada de Francia y víctima de Nelson en el desastre de Trafalgar, ahora se levantaban en armas contra su antiguo amigo apoyada por ingleses y lusitanos.


4
Era peligroso recorrer las callejuelas de Madrid con nuestros uniformes franceses pues los niños en su deseo de emular a sus mayores, arrancaban las piedras del suelo con las que se hacía el pavimento o "peladillas del arroyo" como las llamaban y las tiraban con hondas de cuero al grito de “muerte a los gavachos”. Cuando ello ocurría le gritábamos en castellano: “somos colados” o ¡els porchs! (cerdos en catalán).

Nuestra creencia en la supuesta elegancia de las tropas francesas con fama de estirados, de miradores en menos y mariquitas, se transformó en violenta incredulidad cuando, estando ya asignados a monsieur Bernard Bourgeois, primer ayudante de campo del mariscal del ejército imperial monsieur Jean Le Pain, descubrimos que desde la punta de los pies del tamborilero, hasta el agujero de los cañones de guerra estaban contaminados con el piojo español.
Al principio nos solicitaron remover los piojos y liendres con un peine de dientes muy delgados, pero poco se podía hacer. Entonces decidimos hervir peines y cepillos en grandes peroles junto a las ropas. El efecto era mínimo, dada la magnitud de la plaga, pero atenuaba las intensas comezones nocturnas que afectaban a la tropa. El Empecinado había sumado un inconmensurable cuerpo de hostigamiento contra el ejército francés y El Deseado nunca tuvo mejores huestes, que esa plaga de piojillos.



5
Gracias al eficiente trabajo de Chapeau, comenzamos a ser rápidamente ascendidos hasta que llegamos a atender al propio Jean Le Pain; quien nos examinó de arriba abajo antes de permitirnos entrar a su tienda de campaña donde procedimos a hervir todo. Incluida su tienda.
Convencimos al mariscal de la necesidad absoluta de un inmediato afeitado en todo su velludo. Allí descubrimos, al ver su cuerpo desnudo, que el mariscal tenía unos animalitos con forma de cangrejos que se paseaban como pececitos danzarines alrededor del rey Neptuno. Esos animalitos caminaban torpemente entre el matorral de rizos alrededor del miembro francés. Aquello estaba atiborrado de parásitos y liendres del piojo cangrejo o popular ladilla española.
- Garcon; vous avoir du pain sur la planche. (Joven; usted tiene trabajo para rato). Exclamó el mariscal.
- Je ne mange pas de ce pain lâ! (Yo no paso por allí). Respondió mi hermana con su voz ronca y sin convencimiento
- ¡Exécute garcon!
Mi desdichada hermana, con suma delicadeza levantó de entre los rizos al dormido Rey Neptuno, quien, para la edad que ella tenía, no era exactamente El Deseado y comenzó a peinar, no sin azoro, el bello púdico de tan ilustre personaje.
Inevitablemente debió tomar con infinita dulzura ese tibio músculo, el que por el amasijo distraído y delicado a ratos, se robustecía imperceptiblemente estremecido. Ante lo cual Chapeau extrajo su navaja de cortar, no sin antes sentir entre el delicado largo de sus dedos el levantamiento y encogimiento del dúo coral. Mientras tanto, Jean Le Pain advertido por sus propias intuiciones y temblores, puso en uno de los oídos de Chapeau, el adornado trabuco por si a mi atribulada hermana se le pasada el corte.
Sintiendo la punta del cañón en un oído y acunando ese gordo dedo francés en la palma de su mano izquierda, procedió quirúrgicamente a cortar con su navaja el denso bello púdico de Jean Le Pain. La desventurada, pudo sentir toda su palpitación involuntaria, hasta que de la punta de esa calva cabeza amoratada comenzó a asomar una cristalina gota con perturbadores olores. Le pareció tan solitaria esa gota, que pensó en ella como en una tierna lágrima llena de nostalgia y camaradería que brotaba dolidamente, para acompañar a sus propias y silenciosas lágrimas.



6
Mayúscula fue nuestra sorpresa cuando descubrimos que los barbilampiños y femeninos ayudantes de campo, con natural propensión a la depilación con cera, no eran hostigados por los cangrejos subversivos. La solución había estado a un palmo de nuestras narices. ¡Chapeau!
Chapeau quedó tan impactada y convencida por la solidez de tal observación, que en la siguiente sesión recomendó al mariscal la depilación total con cera. Éste quedó tan entusiasmado con su nueva textura, suave y tersa, producto de la temblorosa afeitada y gracias a la cual pudo sobajarse en las noches impolutas con afectuoso y propio abrazo, que aceptó la oferta y se entregó apaciblemente al trabajo de quien ya había reemplazado al femenil Bernard Bourgeois; mademoiselle Carolinne "Chapeau" Mènageatrois; mi hermana.
Preparó un gran tonel con hirviente cera depilatoria donde, con medida cautela, fue sumergiendo delicadamente al mariscal desde los lampiños muslos y temblorosas nalgas pilosas hasta el recelo de los testículos. Sobrepasada la suspicacia del encogido escroto, mi hermana continuó sumergiendo al mariscal hasta las axilas, luego hasta el vello facial: barba, bigotes, pestañas y cejas con tan mala fortuna que cuando entró el desplazado ayudante de campo a la tienda de campaña entró una tromba de aire frío y volteó una jofaina de agua fría sobre el tonel, congelando impensadamente, la cera depilatoria. El mariscal quedó sumergido en el tonel igual que un queso. Nada pudimos hacer. La rigidez de la masa hizo presagiar lo peor. Apenas se alcanzaba a ver la tonsura del mariscal.
Cargamos con todos nuestros argumentos para culpar al ayudante de campo hasta convencerlo de nuestro propósito: evitar su ahorcamiento. Aceptó retirar del campamento ese barril con el mariscal adentro. El femenil Bernard Bourgeois era fácil de convencer por lo que no nos dio seguridad de su silencio y decidimos invitarlo a comer tallarines en la misma tienda del mariscal antes de proceder al retiro del queso inmerso en el tonel. La cena fue profusamente regada con los mejores vinos del mariscal, hasta lograr la ebriedad total de monsieur Bernard Bourgeois. Cayó cuan largo era en la litera y se durmió. Procedimos entonces a introducir en el gaznate y en sus narices los spaghetti uno por uno, hasta lograr con absoluta certeza, su sofocación.



7
Y partimos con nuestro tonel sobre la carreta con el cuerpo del mariscal francés hasta llegar al río Manzanares. Escondidos entre los riscos rosáceos de granito, abedules, sauces y chopos que caracterizan a La Pedriza, dejamos caer el tonel con tal descuido que este se desfondó. Sudados y azorados por el accidente, hicimos rodar el tonel hasta dejarlo caer a las frías aguas del río. En un momento creímos, dado el peso superior a nuestras fuerzas, que el tonel se hundiría pero para nuestra sorpresa flotó, se bamboleó y se volteó dejando al descubierto las prominentes nalgas del mariscal Jean Le Pain.
Presentado impúdicamente ese maduro promontorio, decidí clavar en su hondonada, la bandera de España. Y el queso se fue silenciosamente a la deriva oscilando y ondeando su empotrada banderilla río abajo, como un botecito de papel acompañado por la mirada curiosa de un martín pescador.
Allí mismo decidimos despedirnos y separarnos. Chapeau partió porfiadamente hacia el norte; hacia la patria del emperador. Y yo hacia la Tacita de Plata, Cadiz, puerto de partida hacia la América Española de marinos y futuros patriotas libertadores. En una de esas, Virgulilla terminaría como prócer de una patria americana ¿Por qué no?©

Río Manzanares


NOTA:
Chapeau: Tilde en la gramática francesa en forma de sombrero.
Virgulilla: Signo sobre la Ñ.
El Empecinado: Juan Martín Diez, guerrillero español.
El Deseado: Rey Fernando VII de España.

domingo, septiembre 23, 2007


RAQUEL EDITH BOURGADE OLIVARES















Cuando te busco madre en la tatuada estela de la vida
no se me viene decir semillas y raíces, ni la tierra
Se me viene la elegancia de la brisa
y tus lecciones de modales y maneras.

No puedo más que recordar la modulación en el lenguaje
la cena preparada en sus manteles de almidón
las servilletas con argollas impecables, la sopera
y la panera de vidrio y plata.

Soy el hijo que recuerda a la recién casada
jugando en el hogar que se le viene
sin saber que hay un fin en la jornada
de cualquier amor de sueño y magia.

Estoy encaramado en el olmo alto del patio grande
y sobre el techo de la casa humea esa larga chimenea.
Sé que estás puliendo los esmaltes de la estufa
y rizando tu azabache donde más ondea.

Cuando te busco madre
no vienen los sudores con sus panes ni la tierra
si no el pan cortado a lo francés
y los codos fuera de la mesa s’il vous plait.

Los cubiertos bostezando con esmoquin
son la formación de una escuadra marinera
mientras pintas tus labios rojos de rubí
en las cristalerías pulcras del buffet.

Mi padre viene a buscarte en su automóvil
con asientos de suaves terciopelos.
Te despides como nube en tu abrigo de leopardo
y queda tu perfume sosteniendo la mampara.

A mi padre le queda muy bien ese sombrero
con su bufanda de seda blanca.
Y a ti los prendedores con sus perlas
y tu lozana risa clara de campana.

En casa sólo queda el brillo de las tablas
y el fieltro del felpudo con el perro mudo.

Existo escondido en la leñera
con su olor de quebrado aserradero,
las cortezas que me muestran sus arrugas
y la ruma de los troncos ordenados en hileras.

Está la casa pulcra hasta los cielos
que destellan en el aire con gráciles dibujos
y se mueven cojos
en el paisaje empapelado de los muros.

Vuelan garzas sobre japonesas arboledas
a la despensa con guindas y frutillas
navegando con su aroma
donde ordenan los tarros de conservas.

Está el jardín antártico llamando a que le roben
los botánicos y esféricos matices de bodega
¿Quién podrá olvidar las consecuencias?

Cuando te busco madre
se me abre el mundo
repleto con tus viajes,
tus baúles y maletas.

Corro en los camarotes de aquel buque
para alcanzar el motor de la distancia
y me quedo de corbata en el muelle, cabizbajo
con tu pañuelo blanco en mi bolsillo inmenso
a la medida de mi infancia.

Eso explicaría el horizonte
cuando reina mi silencio

en la bandada de tus cartas.

Tus letras son hermosas y redondas
y me gustan más tus amplias iniciales
que intento duplicar en el cuaderno blanco de mi patio
cuando nieva,
aunque no entienda.

Y tu caligrafía abraza generosa
la curva de las nubes
que son nubes
de tus viajes y encomiendas.

No hay sentimiento más grande de alegría
que una madre que regresa con sus olores extranjeros
y el crujiente celofán con sus carcajadas de regalo.

Es cuando te encuentro madre
en el dorado borde de mi plato solitario
en la ropa muda del ropero
y en el nudo exacto del zapato.

Tus amigas parlotean hilarantes.
Se prueban tus vestidos con las páginas sociales
y quisiera morderles las rodillas
donde adivino el témpano y el frío
de todos sus dominios.

Pero mañana cumplo años
así dice la etiqueta
y deben remojar con ron esos bizcochos
para mi blanca torta de galletas.

Hoy miro la foto de la mesa
y eran sólo cuatro velas,
mi peinado primoroso y mi bonete.
Y yo sabía más que tú de calaveras.

Allí está mi primer auto de regalo
con sus cromadas ruedas para el viaje
y el destino estoico de mi firme itinerario
programado para lejanos aeroplanos.

Así fue como amé con inmensa devoción
mi primer vuelo como navegante solitario.
Multipliqué mis recorridos y a donde fui
siempre me llamaste pero no pudiste ubicarme.

Cuando te busco madre
en los ajados pliegues de algún mapa
pasa tu ángel de brújula y bitácoras
que apunta como siempre a tus latidos.

Fíjate que es la primera vez que pienso en ti
y no se me llenan de preguntas los vacíos,
pues al fin pude encontrarte en esta ruta.
Y fue a partir del hijo más distante.


martes, agosto 28, 2007

DE CORTÁZAR AL CHE













(Un cuento versado, conversado y reservado).

Algún liróforo proterva con áspero suspiro
esa canéfora de loba núbil que me acecha
mientras marcho para cambiar el mundo.

Ella más que los cuatro puntos cardinales me prefiere
Ella más que toda y sideral multiplicando
Ella tan más que toda y tan radiante
y yo menos que nada en este instante. ¿Cachan?
Sobre la luna lunera, pasó impávida
dinamitera con sus tetas bien puestas
y me traspasó con su maroma libertina de palabras hueras
me traspasó la oscura gondolinda de su risa
que se columpiaba en sus niñas párvulas
Y en su corsé de rosa té
como si fuera un vendaval rasgándome la vela panda
me traspasó.

Se me salieron zorzaleros los espasmos
de mis balcones sus nidos a colgar tan turulatos
que las mismas nimias con sus alas rimbombantes me zarandearon
me asibilaron la entrepierna
me quebrantaron como miasmas,
me atolondraron, me azarosaron
con sus efluvios abdominales,

me trastornaron todos los espermas
por la cresta!

No me importó que fuera rubia y concubina
mas la quise atorándose olímpica conmigo briosa y plúmbea
condensada a esta altura de la miel y de mi lúcida lozana
para que me consagrara con su delirante gota vaginal primera.

Los proletarios, compañeros
me cantaban tristes y hechiceros
su gerifalte en ululante solfatara me cantaban
al hechizo de su acento solidario y libertario
como si fueran la Masa,
como si fueran los hombres que se llaman Hombres,
me cantaban clarito:

¡libéranos! ¡libéranos!

Y yo me la creía casi todo el día
pues aquello en política y amores
en ese tiempo era posible;
sin sospechar siquiera la confabulación tremerosa
antigravitacional y contrarevolucionaria
que provocaban esas flores de los coitos amorosos
Soñaba yo aleteando en esa mariposa tan carnal
elevándome a las nubes.

Las golosinas ni las orquídeas son de mí, señora mía. Le dije.
Lo sé. Ni chantilly ni tulipanes. Pero a donde vayas, iré. Me dijo.
Pero no te volís. Que voulez vous cual Cortázar en París.
¿Y el Che? ¿qué va a ser del Che? Osvaldo.
No sé Ingrid , no sé. Tal vez. Quizá. Quien sabe.
Aunque no pasara nada ella quería que me casara ¿Cachan?

Me decían los consocios libérrimos enrojecidos
pasmóticos y acólitos morrocotudos:
Tus barbas ya son babas por tu palomera kukulina .
Te hiciste mudo, negro y nudo.
Apotranca a la furiosa que te atrapa
yeguiza a la carnosa que te asa y
galopa, overito, galopa sin rancho ni corral
no más porque siempre abunda el pastizal.

Me hice el fuerte hijuna ¡qué carámbano tunante!
¿Acaso porque la imputada me mostraba
su colmillo gentilburgués matrimonial
ocultaría bajo una calentura circunstancial
mi lealtad a la Revolución Popular?
¡Jamás! Grité qué carajo.
¡VIVA LA MASA PRIMERO Y TÚ DESPUÉS! Le dije.
Pero no me la creí.
Y ella tampoco
pues sabía que tiraba más que la yunta de mil bueyes.

No pude desprenderme de su esperpante risa, compañeros
ni de sus cosquillas monflayantes
ni de la infinitud del embeleco pude.
Y por la confitería generosa de sus articulaciones
me hice adicto a sus dulzores,
al ámbar de todos sus primores
que fueron las inaugurales saetas
al carcaj de mi primer querubín condón,
último desastre y naufragio total
de mis tenues convicciones revolucionarias.

Para flaca. Para.
Eran esas siempre todas mis vocabularias circunspectas
titubeantes, tiritonas, palideosas
Me decía: no te sacies, no te guardes, ni me perjudiques,
Y mientras estiraba el ojo del pezón mamario
acoté tomando un aire un tanto estrafalario
De acuerdo; te lo ruego
pero por amparo para un poco,
que me empacho con el fruto de tu vientre
y necesito un respiroso ventilamiento un sosiego,
un estate quieta mierda
que requiero con urgencia
una gloriosa comunión con mis viejas convicciones.
No vis que también tengo delicadeza
y de Cortázar toda la certeza
pero del Che no sé.

En agosto el frío era tan frío
que yo ya era el comisario interfecto,
un cadáver fuera de cabales
haciendo añicos los dictados de mi comité.
Y las prístinas circunvoluciones de mi conciencia proletaria
quedaron cimbreando en el garete putamente.

Fue como el noveno día del setentaitres fue.
Creo que por esos días me casé.
¿Quién podría un día más negarse a la adultez?
Y fui un fulero maricón y pordiosero.
Pisé el Civil con la birome y sin fusil
justo cuando acaeció la dictadura tentaculando las fracciones
con el sopapo, las masacres y las succiones
me fui de luna de miel empalagado en mi jarabe
sin advertir esas arañas negras neonacionales
que pegaban sus escupos en mi puerta.

Corrí por salvar su amor, más que por ella.
En la embajada de París guardé el contorno del rulé
divino y primoroso como un cielo por el cual pedí el asilo
Y a sus muslos en el segundo piso siete llaves puse.

Arreciaba la verbosidad sangrilocuente de la dictadura
pero sólo en su kaleidoscopio lubricoso y mero
fue en todo lo que pensé por falta de abstinencia.
De las calles de mi capital a la panderete caían cartas
para rearticular los cuadros permanentes
en el boqueo agonizante de lo que fue la fuerza viva
pero yo pensaba más en la polla de mi beneficencia.

Hasta que apareció el cónsul francés
Que voulez vous, glú glú
avec les astuces du diable
mirando por el ojo tuerto de mi cerradura endeble
galán de montar fino y educado paladar de nigromante
perito en la Rayuela de Cortázar lenguaraz y belcebú
que me comía la perdiz con todas sus plumitas.

De mi capitel saliente y cornisísima cornamenta
ya estaba ungulado mugiendo mis vacunos pensamientos.
Así fue como ella partió a la torre de París
a francesar su piel, su descendencia
y yo anclé en mi Potosí
porque de Cortázar ella siempre tuvo toda la certeza
y yo del Che todavía no lo sé.















(Hay historia de amores revolucionarios que terminan en leyenda y otras, como ésta).

Dedicado a Osvaldo Defeau y Manolo Castro. Esta historia es cierta. Y mi recuerdo afectuoso para Osvaldo con quien compartí una breve e intensa amistad universitaria hasta el 73, fecha en que no volví a saber de él hasta que lo divisé 6 años después en una feria de artesanía y nos miramos a lo lejos sin cruzar palabras. Los tiempos esos no daban para más. Estábamos vivos. Y también para Manolo Castro, mi recuerdo, quien retornó en los 90 para decirme que alguna vez en los ochenta me vio caminando con mi hija pero que no se acercó a saludarme pues a él lo acababan de soltar de la Cárcel y lo estaban usando como señuelo. Hasta donde sé, vive hoy en Suecia con sus hijos suecos y si alguna vez él fue mi ángel de la guarda, sueño que otros ángeles cuidarán a sus hijos.

sábado, julio 14, 2007



JULIO RUBÉN CÁRCAMO ALVAREZ


Posted by Picasa

No tengo miedo padre. Te lo juro.

No tengo miedo a la furia que me abraza
ni a la paz que ya te agita.

No tengo miedo
ni a tu nombre que rozó la punta de mis dedos
en el muro de cipreses testarudos.

No le tengo miedo padre
a la pisada en tu gravilla
ni a esa larga caminata que me invitas.

Son los pájaros posados en el frío
viejas lágrimas cayendo a cielo abierto.
¿Quien podría tener miedo
a lo que fue sólo un capullo?

Son los vientos y la lluvia
catedral antigua con viejos aposentos
y que abandonaste como barcos deshuesados
en mi playa de recuerdos.

No tengo miedo padre,
te lo juro,
ni cuando vengas frente a frente
a mirar el reflejo de tu espejo.

jueves, julio 05, 2007







Posted by Picasa Alcides y Cuba .

El segundo cubano que conocí se llamaba Alcides. Era un joven arquitecto que en la oleada de retornados al país luego de la dictadura de Pinochet había decidido abrir su horizonte profesional tomando como primera escala, la primera salida posible desde Cuba; Chile. Lo primero que me llamó la atención fue su afán compulsivo por comprar todo lo que le ofrecía el libre consumo. Lo cuidadoso que era en la forma de abordar a sus nuevas amistades. Lo preocupado de su apariencia y lo eficiente de su trabajo. Es probable que todo bisoño en territorio desconocido se comporte de igual modo.

A medida que nos íbamos conociendo, su perfil se revelaba como el de un evadido. Su personalidad rotunda y firme, me intrigó. Supe que toda su familia había quedado en Báez, Cuba. Que imposibilitado de ejercer como arquitecto, debió trabajar como recepcionista en un hotel de Varadero. Que por ser empleado no podía ejercer el libre derecho a gozar de las playas del hotel. Que allí conoció a una chilena con la que se casó para abandonar la isla. Que recién llegado a Chile, se separó. La acción de utilizar a una persona en pos de beneficios tan mezquinos como adquirir un pasaporte de salida, me pareció cruel pues creo que el matrimonio es un compromiso de respeto. En mi primer prejuicio hacia Alcides me pareció condenable su acto; me parecía que un cubano no podía comportarse así.

El sueño de su vida, según me contó después, era vivir entre luces parecidas a las que veía en Guantánamo. Guantánamo, para los que no lo saben, es una parte del territorio cubano ocupado por los yankees y transformado en algo parecido a una cárcel clandestina pues nadie sabe quienes son los detenidos, de dónde son, ni bajo qué cargos se les retiene allí. Son custodiados por un “equipo científico de comportamiento”. Quiero creer que Alcides no lo sabía y que por eso no le importaba esa ocupación ni mucho menos la condena de la ONU. Lo alucinaba la ostentación luminosa de sus recintos con un derroche de resplandor y brillo parecido a las películas de Merry Christmas! Alcides amaba esa cáscara que oculta tanto desprecio por la dignidad de las personas. ¿Qué cubano era este?

Alcides era amigo de mi señora, quien tiende a transformarse en protectora y bienhechora de todo profesional que ingresa a su empresa. Yo; que me creo menos ingenuo que ella, tiendo a advertirle del contenido profundo de sus personalidades cuando trae a casa a esos supuestos huérfanos de afecto. Por lo general no me equivoco en mis primeras apreciaciones, pero con Alcides era distinto. Tenía variadas conjeturas y obsesiones para con él e intuía que también Alcides las tenía conmigo. Seguramente me veía como una persona distante observándole la abertura de sus pupilas; me preenjuiciaba receloso y tal vez con preclaras certezas porque la inteligente e intensa chispa oscura de sus ojos me leía.

Se hizo tan familiar en nuestro hogar que decidimos bautizarlo como se hace en Chile con el amigo cuando es forastero. Era necesario aplicarle el gran festejo mayor. Una olla gigantesca de un metro de altura y cuarenta centímetros de diámetro, conocida como fondo, sería la pila bautismal. En ella verteríamos lo que la generosa naturaleza de este territorio modestamente permite para que el hombre se chilenice, esto es; “con de todo” lo que haya en la marisquería, la pescadería, la carnicería y la verdulería.

Ahí le vamos como en las fotografías; por capas, de abajo a arriba: al fondo le va cebolla cortada en finos cuadritos sobre una taza de aceite gorgoreando. Es lo primero que cae y suena en el fondo plano de la olla que ya está borbotando en su fuego lento. Allí le vertimos aplastados gajos de ajo, pimienta y una pizca de ají, de color púrpura como los cardenales.

Le agregamos el submarino estado llano de la placa de Nazca del océano Pacífico, que son los mariscos, choros maltones, almejas, tacas, cholgas y mejillones. Cubrimos delicadamente con hojas de repollo. Que nada asome. Que nadie se salve. Sería el primer piso sobre el que desnivelamos el horizonte de una botella de blanco vino como si asomara el sol matutino de la cordillera de los Andes.

Sobre ese pavimento humedecido depositamos unas gordas patas de jaibas con langostinos y picorocos muy limpios, que inundamos dadivosamente en más vino y tapamos con otra camita de hojas de repollo para hacer el segundo piso sobre el que estacionamos apretadamente las blandas costillas de chancho ahumado, las longanizas abiertas de par en par y las presas del pollo para que duerman juntas en su orgía carnal; listo el tercer piso.

Chorreamos vino sin tregua como si fuera lluvia torrencial de invierno. Tapamos con hojitas de repollo para cubrir esas carnales bondades. Ponemos el músculo de lo que fue un pez veloz y libre navegante del océano, en trozos de corvina, segmentos de congrio o porciones de merluza. Ya no recuerdo las secciones. Rociamos sacerdotalmente el vino como los curas y ya que estamos haciendo ofrendas a la natura; bebemos mirándonos a los ojos frente a esa opípara montaña de alimentos.

El fuego está lento y se mueve al compás de los mareos. Vamos a barlovento viento en popa por el cuarto piso. Ponemos las papas bien lavadas pero con su cascarita, para que no se beban ellas, los vapores etílicos del vino. Religiosamente va más vino como si se tratara del diluvio universal y se tapa con las últimas y tiernas hojas de repollo; las mismas del jardín de Adán y Eva.

Se pone la tapa y sellamos con piedra grande encima como tapaban sus tesoros los piratas. Se cubre con tela artesanal de sacos de harina lo más parecida a las velas de goleta chilota. Y ese sería todo el aparejo.

Nos vamos a tierra, para pasear por el patio de la casa a saludar a los árboles frutales, a platicar con las jaulas de los pájaros cantores mientras los sumergidos se acaloran y sudan. Regresamos después de dos horas. Levamos ancla; es decir sacamos la tapa. Echamos una miradita con sonrisa sobradora y olemos directamente desde la boca del volcán multitudinario. Lanzamos exclamaciones de júbilo.

Helo allí; el más pantagruélico y descomunal plato que ha producido el ingenio prehistórico de los habitantes de Chiloé para el gozo colectivo y ofrenda tremenda del mítico universo chilote a su habitante; conocido como El Curanto en Olla o Pulmay. Se podrán imaginar lo que es la cara de un alucinado, sobretodo si es un caribeño cubano adormecido por el balanceo que producen las hamacas dormilonas del vino moscatel chileno...

Queda la gran tarea de servir este plato de tanto vicio culposo y que otros llaman curanto para el exilio porque El Curanto propiamente tal, es el que se hace en un hoyo en tierra de isla chilota. Tierra insular de donde emana la mitología del trauco, la pincoya, el caleuche, el camahueto, la fiura, el basilisco, el invunche, etc. etc. y lo que sigue con todas esas ánimas y sustancias de los espíritus. Sólo esa mítica y fecunda tierra de neblina, de vientos lluviosos, de espesos bosques ateridos y agitados mares cargados de fábulas es capaz de tener un continuo corelato tan directo con su comida, como lo es
El Curanto.



Trauco.


La Sirena.


Invunche.


El Caleuche.El caballo marino.










(Dibujos del pintor y escultor Marcelo Lira Segovia)
http://mitologiadechiloe.blogspot.com/

El plato, que era de greda pomairina hirviente, llegó hasta un Alcides estupefacto. Contemplaba esa monstruosidad, cuyos vapores ondulantes penetraban sus fosas nasales hasta los recónditos y virginales intersticios finales de su hipotálamo lateral, con ojos atónitos. Ellos se abrían fascinados antes esos aromas lujuriosos y numerosas formas exuberantes. Tenía inmenso miedo. Bueno; esa visión amaina a cualquiera. Sus ojos habían perdido esa inteligente e intensa chispa oscura y analítica. La perplejidad había descubierto su mirada de niño principiante y candoroso. Allí estaba el Alcides que todos queríamos conocer. Desnudo.

Y ese fue el día en que procedimos a bautizarlo como cubano-chileno, con ese condumio telúrico, monumental y descomunal llamado El Curanto y que no olvidaría en el resto de sus días. El timbre de su paso por estas tierras no está en su pasaporte si no en su alma.

- He aquí mi país. ¿Y tú? ¿Qué me vas a mostrar del tuyo?

Alcides se encargó del postre; el cual fue una crema hecha de queso amarillo y coco. No era lo apropiado para El Curanto pero se puede hacer todo por un amigo. Incluso comer algo tan extraño e inapropiado como eso; queso batido con coco.

Así fue como partimos a conocer Cuba. Julio 2002.


El Gran Teatro de La Habana.



















El Capitolio

Al llegar a La Habana se me salió esta expresión: ¡Qué crestas hago aquí! Mis ojos acostumbrados a las luces de neón, centros comerciales, parafernalia propagandística y señalética consumista no estaban habituados a tan limpia sobriedad. Hice el recorrido de todo turista pero alojando siempre en casas de familias cubanas aspirando ese olor peculiar y dulzón del Caribe que impregna a la Habana Vieja y su malecón habanero de ruinas saladas y aire puro.


La amplia vista del malecón en La Habana, Cuba

Cruzando bajo el túnel sumergido bajo las aguas de la bahía se ve desde la otra orilla; la antigua iglesia amarilla y el desparramo de casas rosadas, verdes y amarillas, el deslavado de los muros de piedra, el barrio Vedado, los muelles del puerto. Siento el olor de la harina, el olor de la madera en las cajas de envase de viejas boticas casi vacías, el olor del café tostado y siempre el olor a tabaco y a mar. Evanescente martilleo de gritos y risas. Y el Son pero con tres, marímbula y botija. El Granma; ¡quién lo podría creer! La casa de Martí. El Capitolio y sus termitas. La cuna del mojito; la Bodeguita del medio y el perpetuo y lírico daiquiri del viejo y el mar reflejando miles de rayados en sus paredes. La marinera Hemingway. El Hotel Nacional y la fantasmal presencia de Al Capone o de Lucky Luciano. El chapuzón robusto de un chubasco tropical en un coco-taxi manipulado por un feliz conductor que trabaja un día sí y un día no. Y Varadero beach; un fiasco- La Giraldilla esperando a su marido, que partió hacia la Florida en busca de la Fuente de la Juventud, y fue muerto por caníbales. Ebriedades y largas conversaciones crepusculares con esos patéticos, desesperados, esperanzados balseros que pretenden llegar a Miami, arriesgándose a ser pasto de tiburones o a que se los trague para siempre el mar. Y en el hotel Habana Libre, una enérgica discusión política con mi esposa por la revolución y lo que queda de ella, no pasó a mayores ¡Tenemos que hablar con Fidel! Y el ron; pero Habana Club. Pinar del Río y el habano; pero Cohiba y su voluta dibujando la sierra de Los Órganos. Matanzas, Cienfuegos, Santic Spíritus y el maravilloso crepúsculo en el valle del Ingenio de Trinidad con su humildísima escuelita Chile y su estofado de tortuga carey a la sombra de un plátano. La playa Boca con su par de negros en carne dignamente arrugada y huesos proteicamente resistentes al siglo impío que se les viene encima. Santa Clara la mítica. Hasta llegar a Báez, un poblado villaclareño donde está emplazada la hermosa y cálida casita de los padres de Alcides, recién pintada.

Pinar del Rio (Fca. Vegeros)
Trinidad.
Malecón.









Una celebración cubana en familia se comienza tomando cerveza helada, acompañadas con chicharrones de puerco.

- Fue muy bondadoso este puelco - fue el comentario amoroso de la madre de Alcides - nos dio mucha manteca-

El puerco ha sido sacrificado sólo para honrar nuestra visita. No es menor ese sacrificio y créanme que entendemos cabalmente el profundo significado de esa ofrenda en la comunión con el familión de Alcides. Las mujeres, sin cosméticos, depilaciones ni peinados, se encargan de preparar las frituras de malanga y el abundante arroz tan blanco como la espléndida sonrisa de las primas de Alcides que disponen contentas, en la pequeña mesa del almuerzo, con los frijoles colorados llamados moros y cristianos. Plátanos chatinos, ensalada de tomates adornada con lechugas completan el cumplido que nos ofrecen. El padre de Alcides fuma y yo también porque allí hay mucho cielo para compartir. Nos habla de la zafra que compartió con el Che. De la Revolución Cubana nos deja en claro que tanto el Che como sus barbudos estaban cambiando un país desde sus despachos, pero que también se arremangaban para desarrollar trabajo voluntario en fábricas, en el campo, en campañas de alfabetización. La ética del trabajo era el sustento vital de la revolución. Ahí, junto a él estaba el Che, ministro de industria y presidente del Banco Central, trabajando en la zafra como obrero y trasladando ladrillos en carretillas. Nos dice quién era de verdad el Che, sudando codo a codo entre las cañas de azúcar.
- El Che me educó por su forma de actuar, de cómo había que trabajar. Era muy estricto. Yo era casi un niño. Ciertamente, la juventud nos permitió afrontar la revolución con su austera dureza.-

Mientras los trozos del puerco se empapan con zumo de naranjas agrias, nos habla con tristeza dulce de sus fastidiosas obligaciones partidarias. De sus necesidades; a las que no puede acceder si no se inscribe. Hay en su mirada plácida un leve resplandor de sinsabor. Sus palabras tenues y que traspasan la sonrisa donde se agitan los temblores, omiten lo que queda de la revolución que conoció. No quiere más guerra. Y por algún extraño motivo descubro en él lo que permanece de la revolución. El hombre de acción que compartió con el Che y con Fidel sus aventuras, acepta con serenidad, temple y resignación la temible vejez que se le viene. Ha logrado atravesar sin desesperación esa larga lucha por la dignidad de su patria pero teme por el destino de sus hijos, que como Alcides, ya buscan otros derroteros a como dé lugar. Los hijos nunca sueñan lo mismo que los padres, aunque se nos cuadren como guerreros ante la máquina fotográfica.








(Cortesía de Cucho)



El postre es la mermelada de guayaba con lascas de queso amarillo. Y los buñuelos de yuca en almíbar con anís son los últimos paladeos de ese día maravilloso que nos regalaron. Reímos todos por tal contento pero en el zaguán, don Alcides fuma lentamente siguiendo los caracoles y espirales de su eterno cigarrillo.

En la tarde, salimos a caminar por el poblado Báez. Viviría feliz en Cuba, claro que sí, pero,... ¿si me llamara Alcides? Parece un escondite este poblado.

En casa nos espera un ex combatiente de Vietnam que vuelve hacia La Habana y se ha ofrecido a darnos un aventón; entonces regresamos a la dulce y generosa acogida de la madre de Alcides, al hermano que lo mira con inmensa admiración y a don Alcides; un hombre de la aguerrida zafra, que ha penetrado profundamente en nuestros corazones. Al despedirnos nos abrazamos como si nos hubiéramos amado desde siempre y no sé por qué, el asomo de lágrimas en los ojos de don Alcides, en ese último abrazo, me hace lagrimear a mí también.


La vida tiene escondites maravillosos.

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"…y las cosas que se han descubierto a lo largo de esta isla larga, hermosa y desdichada son permanentes y valiosas y existirán después que la riqueza, la pobreza, el martirologio, el sacrificio, la venalidad y la crueldad hayan desaparecido." (Ernest Hemingway)
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Hoy domingo 1º Julio 2007; ha llegado carta de Alcides. Está en Miami con toda su familia; incluido su padre.

Las 3 primas, don Alcides, Rubén y Alcides con su hermano.
Todos en el zaguán. Baez, Cuba.





















Alcides, Rubén y Sonia en Báez, Cuba

sábado, junio 23, 2007

LA PAULETTE y VALPARAISO
(Para mi amigo; José Agustín Vasquez Márquez)

El sábado tuve un día glorioso. El día estaba con un azul que había olvidado y si tuviera que ponerle música pensaría en un concierto para trompeta de Joseph Haydn reverberando en el horizonte lejano junto a un coro de serafines.

Luego de ocupar la mañana analizando las obras húmedas de un edificio viñamarino, violentado por filtraciones de vírgenes napas subterráneas lanzadas por Hades desde el oscuro lago del averno a la conquista de muros y pavimentos del mundo exterior; partí a Valparaíso con un matrimonio amigo que me hizo sentir como un dios bajado del olimpo. Sólo me faltaba la corona de laureles y una lira de oro bajo mis axilas. Caminamos por las serpenteantes y asoleadas calles de la parte alta de la ciudad balneario; de cerro a cerro yendo y viniendo, del aire al aire, como una red vacía balanceándonos sobre las alturas de un Macchu Picchu urbano.

Del aire al aire, como una red vacía,
iba yo entre las calles y la atmósfera, llegando y despidiendo,
en el advenimiento del otoño la moneda extendida
de las hojas, y entre la primavera y las espigas,
lo que el más grande amor, como dentro de un guante
que cae, nos entrega como una larga luna.


Con esta larga estrofa, un profesor llamado Valdebenito y amigo de Neruda, nos recitaba los primeros versos de Alturas de Machu Pichu, hace ya treinta y distantes años. Y con esa imagen vivaz, partía ese día de gloria y de Octubre, caminando entre los altozanos dorados por el límpido fulgor del entusiasmo.

Nos detuvimos a medio camino cuando apareció el restaurante Porto Fino. Había que hacer un alto. La hora así lo indicaba. Y era para degustar mariscos. Todos los que tuvieren. Amén de corvinas con salsa de ostiones y jaiba platinada para sustentar adecuadamente lo que se avecinaba; un Chardonay de luminosos destellos amarillos robados a los limones más puros de los jardines primaverales, que estaba varado en su respectiva cubeta de hielo y con su ojo sin corcho diciéndome: bébeme, bébeme, como si fuera el frasquito reductor de alturas que estaba en la madriguera del conejo de Alicia en el País de la Maravillas.

Frente a nosotros una regata multitudinaria desplegaba todas sus velas como albinas mariposas frente al ventanal que daba hacia el más que nunca refulgente Océano Pacífico. Y allí estaban nuestros brindis que iban y venían. Entonces se me acerca un personaje que con una fluorescencia inquisitoria comienza a interrogarme:

- Disculpe:
¿Usted señor estudió en Valparaíso?

Receloso dije: - Sí -.
¿Usted señor estudió en el Seminario San Rafael?

Arrugué el entrecejo. - Sí -.
¿Usted señor se apellida Cárcamo?

Abrí los ojos con sorpresa;.. Sí…
¿Usted señor no se acuerda de mí?

- No señor - Respondí confundido.

- ¿Usted señor no se acuerda a quien le copiaba en el curso?

A esa altura del interrogatorio atiné a decirle: -¡Por eso es que me sacaba tan malas notas! Dicho lo cual se acabó el balanceo al que me tenía sometido.

Se trataba de Renzo Airola, hoy propietario del restaurante más conspicuo de Viña del Mar y Valparaíso: Porto Fino. Y anteayer cazador de tórtolas y enemigo acérrimo de peucos y cernícalos que osaban sobrevolar su coto de caza. Le apuntaba con certeza a cuanta ave pasara cerca de sus palomáceas de cuello vinoso. El hombre ya apuntaba a su destino.

Nos llegó una botella más de Chardonay.

De allí; al Puerto en tren. No sin antes fotografiarnos en una escalinata suspendida en el espacio de un paisaje sombreado por verdes generosos y aromados, donde la luz era la más preciada para obtener la mejor estampa de nuestro itinerario. Allí apareció como por arte de magia, trípode en mano, un fotógrafo profesional que acondicionó nuestra máquina y grabó la mejor imagen de nuestro jolgorio en plena travesía. Bajamos por la gran escalinata umbrosa, hasta llegar a la nueva estación de ferrocarriles Caleta Portales para embarcarnos al mismo tren que todos los días junto a otros mozalbetes, recorríamos de vagón en vagón mientras se desplazaba sobre los rieles y durmientes con el bamboleo y ruidoso traqueteo camino al centenario e inmemorial colegio de adobe. Hoy esa misma línea ferroviaria se llama Metro y se desplaza más suave y flexible que una bailarina con tutú sobre sus patines de hielo.

Para mi alegría; la estación El Puerto me recibía con una exposición pictórica. Como en un refugio de lo inesperado y de lo imaginario se exhibían las pinturas de Carmen Aldunate. Allí estaban las figuras y rostros de mujeres de rasgos idealizados vestidas con ropajes renacentistas con su habitual mensaje feminista de sutil y elegante sarcasmo, denunciando la opresión y la amargura psicológica del que han sido víctimas las mujeres y al mismo tiempo expresando como nadie la solidez de su dibujo. Es mi favorita. Hoy debe rondar la sesentena y sigue inconmoviblemente hermosa. Espero que de una vez por toda se la hayan ido los aires de ira que nublaron sus azules ojos, sobre todo el día lunes. Día en que se le venían las culpas por ser primero artista y después madre.





















Salimos de la estación El Puerto para caminar sobre los adoquines pulidos por siglos de pisadas y carreras a contemplar los bronces escultóricos que inmortalizaron los teatrales gestos de la épica acción de los Héroes de Iquique.

Desde la Plaza de la Justicia trepamos por el funicular El Peral del Cerro Alegre, hasta el paseo Yugoslavo; hacia cotas más elevadas ya que las barrocas cornucopias, claraboyas y filigranas de la mansarda de la ex intendencia estaban cayendo abrazadas por la sombras de la tarde. Subimos para disfrutar de la vista nocturna de Valparaíso en la que sus luces de calles y barcos anclados en la bahía se confundían con las estrellas titilantes del firmamento intensamente negro. Si hasta estrellas fugaces caían.

Tipo diez de la noche, disfrutando en un mirador en las alturas, las últimas gotas de champagne semi seco y a punto de introducir mis papilas en numerosos carmenêre de Casas Patronales que sobre la mesa se veían como seguras víctimas de la insaciable sed, surgió la voz de un ángel llamado Paulette que cantaba como ese último gorrión de París; Mirelle Mathieu. He quedado embelesado. Arrobado por esa voz, me salieron alitas en los pies y me mantuve en suspensión delirante. Y si no fuera por la insistencia cautelar de mis ocasionales amigos me habrías visto volar sobre el mar iluminado y sobre los somnolientos barcos nocturnos posados sobre el mar en calma, tomado de la mano de Paulette. También hubieras visto danzar entre nosotros a los fantasmas de todas las bodegas de los barcos anclados sobre ese espejo de luna que eran las aguas inconmovibles de la bahía como si todo fuera una visión dispuesta por Marc Chagall. Sólo así fue posible el embrujo; ya que cuando dejó de cantar me acerqué a ella. Te juro que sin ninguna otra intención que felicitarla. Y como corresponde apareció la sombra del caniche cafiche, que oculto entre el escaso público mal miraba de reojo mi rostro encandilado y perplejo por la notas de ese cuello divino y eterno, para mostrarme sus dientes que gruñían por sus esmaltados brillos como revólveres prestos a dispararme las bravuconadas de filibusteros y de corsarios ahumados en fogones de ebriedad y somnolencias de alta mar y bajos fondos. Déjame tomar aire… Fui muy delicado y distante en mis congratulaciones ante el volumen de aquel sujeto que me observaba.

Cuando se habla de la mélodie, no puedo olvidar la poesía que le sirvió de inspiración. Muchos aseguran que en la música culta francesa influyó más la estética de literarios como Verlaine y Baudelaire, que los músicos del mismo período. El lenguaje armónico del siglo anterior tiene un correlato amplio y acabado con lo que sucedía en las letras, tal vez de allí mi afición, casi inexplicable, por esta bella melodía que es la Chanson Francaise o Chanson de variètè.

Se la recomiendo amigo. El local se llama La Colombina y está en el Paseo del Museo Baburizza, bajando hacia el paseo Apolo. Allí donde alguna vez escribí acodado sobre los balaustros, un poema mirando la Silla del Diablo y la aguja de la Parroquia San Vicente de Paul.

…Allí donde en una noche igual a esta, le dimos a la liturgia del asado con Sergio Benavides; mi amigo en la comunión del vino y maestro en la ciencia de las maderas.


….Allí donde aprendí a bailar tango con Lolita, su hermosa mujer. Y escuché un largo y vociferante discurso de un estudioso de la Catedral de Notre Dame de Chartres, informándonos que ella era una gigantesca caja de resonancia armónica construida sobre una gruta druídica; un instrumento musical que aún hoy vibra y recoge las corrientes telúricas y las proyecta sobre el individuo que penetra en ella. Porque Chartres, según él; formaba parte de un sistema mayor de santuarios, un sistema que dibujaba sobre el mapa de Francia una inmensa reproducción de la constelación de Virgo en la que las catedrales galas ocupaban las posiciones de las estrellas. En verdad no hacía más que repetir la teoría de Louis Charpentier quien publicó el Enigma de la Catedral de Chartres; una saga sucedánea de El Retorno de los Brujos; mi libro Esotérico-Pop de los años 70 y que tomé prestado de un cajón de libros usados en un librería de apellido griego, con alta paredes amarillas, hedionda a meados de gatos y en la que nacería ese poderoso escritor del puerto que se llamaría Alberto Quilapán.

Antes de que apareciera la elucubración del Código Da Vinci, ese sujeto ebrio llamado Américo, ya andaba con la teoría enloquecida de que el sentado a la derecha del Cristo en la Última Cena de Da Vinci era María Magdalena. Era 1984 cuando Américo porfiaba con un abroncado vozarrón, que era docta ventolera del humo de tabacos negros, esgrimiendo su vaso siempre lleno en la justa medida, como un cáliz del Templario que pretendía ser. Siglo pasado hermano.


…Allí donde se llevaron detenido a Sergio Benavides delante de sus hijos y el más pequeño le preguntó al teniente de la patrulla: ¿tú vas a matar a mi papá? Frase que me ha quedado rebotando en las paredes del alma negra de Los Años de Septiembre, libro decontructivo que escribí y diseñé y que jamás verá edición alguna. Apenas publican cantos a la vida, ¡qué van a publicar los cantos a la muerte!

….Allí donde me empapé en un día de niebla densa y fría, de soledad y nostalgia porque se habían ido todos los días de alegría y quienes habían sido amados como mis hermanos. Y me juré publicar el Rompecabezas en el Hemisferio Sur porque no era justo que de ellos se olvidaran. Y grité durante tres años de mi vida por aquellos que de la escuela de Arquitectura salieron estudiantes a Valparaíso como bandadas de pájaros temerosos, recién emplumados y hondamente castos. Y los vi volver venteados y oreados, desplumados, en cueros, limpios y llenos de impresiones, vivencias, arena y vitrinas, tomando conciencia proletaria y regresando nuevos, remecidos, con su tabla cargada de dibujos temblorosos, diagramas, historias y preguntas que nadie jamás les había hecho. Regresaron inventando su planeta de bolsillo, que aún hoy para regocijo nuestro sacan a relucir en sus encuentros. Otros a modo de radioescuchas, antena repetidora o cronistas de la época; copiaban o repetían como lánguidos poetas y de los cuales nunca nadie leerá jamás alguno de sus versos…

…Allí donde restauré una casona llena de termitas y que hoy es Monumento Nacional, para desgracia de su propietario y maldición de sus descendientes.

….Allí donde voy, amigo, cada vez que quiero sentirme plenamente vivo,… está Paulette; como para sanarme de las abiertas heridas que creí aplacadas. Está Paulette… cantando mis amadas y adoradas canciones francesas, la mèlodie, Kucho; là mèlodie; que no la escuchaba desde hacía quince o tal vez más años. Ve y escucha. En ese lugar donde dibujamos esos árboles que parecen no haber crecido desde los croquis de los primeros años de la universidad,… está La Paulette.

Tal vez a ti, también te haga soñar…

























Hay una batalla en esa voz
que me hiere con su esquirla fónica
y mi fondo que me tiembla
pierde exhausto mi silencio y mi sordera
cuando esa bala que sustentas
es la nota ronca de tus cuerdas
perforando impunemente el pecho.

Cómo quisiera que tus notas
destrozaran la pianola de ese bar antiguo
haciendo de mis cantos pentagrama y rezo.

Cómo quisiera que tus labios
se elevaran de mi estrofa enfurecidos
como si yo fuera sumiso esclavo de tus besos.

Cántame desde esos aires arbotantes
invasiones, miedos, genocidios
o algún trueno carnal que espero
de tus notas altas.

Has de saber,
ahora te lo digo;
en la catedral sonora de tu pecho
se acunaría mi estribillo quieto.

¿Qué puedo hacer
contra el estruendo de tu canto
si aún está naciendo la dulzura de mis tímpanos?

¿Y qué puedo hacer apenas mudo
cuando escucho y tarareas
la sustancia de tus risas tan letales?

Hay mucho ensueño en las clases de tal música
y un gran recelo en tus baladas roncas
que en el pizarrón del alma me suceden.

Hay demasiadas verdades que musitas
en el cálido septiembre que padezco
cuando soy la vieja voz de oscuro que te canta.

Recién hoy
me he dado cuenta lo que soy :
canción de cuna
en ese himno pletórico de orfeones. ©

martes, junio 19, 2007

TIENES UN E - MAIL (Michelle Bachelet) Abril 2006



(Dudé mucho en subir está página que sólo conocen mis mejores amigos, quienes han confundido la oposición política con la bajeza de la peor calaña y como veo que está surgiendo cada vez más un poder nuevo que no cambiará nada de la política pero sí mucho en la igualdad de los géneros envío esta reflexión para que se preparen porque el cambio cultural viene para quedarse,...la oleada ya viene

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Aquella tarde en viaje por el valle de los mejores vinos blancos; Casablanca, la radio confirma:una mujer está en el primer poder. Como casi en todas las familias de Chile, en la casa gobierna una mujer. Una presidente mujer. Es como para no creerlo.
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No pude dejar de pensar en mi abuela. Recordé que a instancias de sus persuasivos dulces rellenos con almendras, yo salía en las noche a pegar con gruesas brochas, empapadas en engrudo, las papeletas de sus candidatos radicales en los muros de la ciudad de Punta Arenas con la misma agitación que deben haber sentido los brigadistas de la Ramona Parra al inicio de los setenta. Rápido y cercano a la luz de algún poste pero nunca tanto como para ser visto con claridad por los carabineros, aplicaba sendos brochazos al muro en el que pegaba el cartel del candidato y luego lo repasaba con el guaipe saturado de agua. Los blujines Lee quedaban tan duros como las marraquetas que el panadero había olvidado al fondo de la carreta del pan. Debo haber tenido siete años. Alguien dirá que muy pequeño para andar de noche en actividades clandestinas pero en la luminosa oscuridad magallánica, yo me conocía los códigos de las calles. Mi madre que vivía a diez cuadras, creía que me gustaba dormir donde abuela para escuchar cuentos de ogros y hadas a la luz de la luna. Mi abuela era enciclopedias, política e higiene.

El río de Las Minas trizaba, medio a medio la ciudad puerto más austral del mundo uniendo los patios traseros de todas las casas. Jamás me desconocieron los perros, ni los gansos avisaron mi ingreso a esos patios. Cruzaba los provincianos patios de las casas y las empleadas domésticas me saludaban como al travieso que corría entre sus sábanas recién lavadas ayudándoles a correr “el palo de la ropa”, a llevar las astillas y la leña para sus cocinas o acarrear el saco del carbón. En aquellos días yo era un hijo del río.
Muchos años después aparecería una subestimada, alucinante y nostálgica película protagonizada por Burt Lancaster titulada El NADADOR y que narra el extraño y sugestivo recorrido de un hombre vital, de afligida y obsesiva vida interior, por los patios traseros y piscinas de las casas del acomodado vecindario del sueño americano. Se las recomiendo; descubrirán que sin importar dónde se encuentren, ustedes no pasaran más allá de ser nadadores en ajenas aguas.

Pero en aquel entonces yo no era un nadador, era el nieto de la Inspectora General de la Escuela Técnica Femenina de Punta Arenas, Sra. Auristela Álvarez Barría. Álvarez “de los grandes”; como le gustaba decir a ella y “de los Gallos”. Vaya uno a saber que quería decir con eso.










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Imprudentemente veloz, el automóvil de mi esposa se desliza a las altas velocidades que hoy permiten las nuevas carreteras delineadas junto a las viejas rutas coloniales que todavía se divisan escarpando los cerros.
Siguiendo sus vericuetos rememoro mi primer viaje de Valparaíso a Santiago en un bus de origen francés marca Causón Apu de la línea “Andes Mar – Bus” que en aquel entonces sacudía, por la inercia de las curvas y contra curvas; las maletas y los canastos. Si señor; en aquellos tiempos se viajaba con canastos y sacos como los de las películas de marineros de la segunda guerra mundial porque el viaje duraba más de tres horas. El bus era Beige y aún lo diviso sobreviviendo destartalado y recorriendo porfiadamente por el valle de Casablanca entre Santa Elena y María Pinto.


Mientras me aburría mirando por las altas ventanillas el matorral reseco en las afueras del bus, mi abuela iba estudiando para rendir su examen. Estaba elegante con su traje de dos piezas y su cartera de verano, con flores y manilla de madera. Se pintaba las uñas de los pies. Miro los pies desnudos de la mujer que conduce el automóvil y me sonrío. Se pinta las uñas de los pies. Sospecho fieramente que me enamoré de ella por su parecido con mi abuela. Mejor que ni lo sepa.
En un día como estos, de votación nacional, pero en Punta Arenas, mi abuelo sentado junto a la radio, escuchaba con gozo el avance de los resultados en los locales de votación llevando un conteo con palotes. No perdió la costumbre hasta su último conteo, la elección de Salvador Allende.
Entre mi abuelo y mi abuela existían profundas diferencia políticas a pesar de ser ambos, radicales. Ese cisma político que aun no logro dilucidar, abriría un boquete en el partido Radical fragmentándolo entre la Democracia Radical, el Partido Revolucionario Radical y el Radical propiamente tal. Para mí sería la mejor demostración de la tolerancia y la convivencia cívica que debe existir en un matrimonio. Mi abuelo decía: "La palabra, se honra. No es cosa de llegar y correr por olores y fantasías de las que nadie sabe la consistencia final y que de acuerdo a las estadísticas termina como todos los matrimonios." Soy, abuelo; tu discípulo más aventajado. Créeme. Bueno,… casi…
Mis abuelos vivieron imperturbablemente juntos aunque sus sueños más anhelados se fueron fragmentando en la resignación. Aprendí el estoicismo.
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Se ha cumplido el acto oficial del Congreso Nacional de investir a la presidenta ya instalada en la testera con su banda y con su piocha. Deben saber que el muro a sus espaldas que sostiene las planchas de mármol de Carrara, en donde se cinceló el escudo nacional, contiene un recipiente pequeño con el nombre de quienes participamos en la construcción de la obra. En él dice: “Para la democracia siempre: sus trabajadores”. Tiramos ese recipiente en una faena de hormigonado con una inmensa esperanza hace ya 16 años, cuando la posibilidad de sostener la democracia que venía se presentía muy débil y estaba asomando como un florido resto paleolítico de uso malquisto en terruño de los cromagnones. Hoy la democracia parece un floripondio, o sea; “una especie biológicamente compleja utilizada como alucinógeno desde tiempos inmemoriales”.

Michelle presidenta. Quien se lo iba imaginar. Lo repitió ella en el nocturno discurso al asumir el mando. ¡Pero si cuando nací, recién mi abuela tuvo pleno derecho a voto! Podía votar en “chiquitito” o sea sólo para las elecciones municipales…y sólo si tenía un bien raíz…y sólo si tenía más de 25 años. Esto que parece un barbarismo ocurría en toda América Latina.
Universal derecho a voto. Hoy parece algo tan simple y natural.
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En su viejo carné de identidad, de esos con páginas y tapas de cartulina y con remaches y que alguna vez descubrí en su tocador de media luna donde guardaba sus cremas y polvos: ¿saben lo que decía, allí donde había un espacio para indicar profesión? Labores de su sexo. Es como para no creerlo.
Tenía 15 años cuando se casó con mi abuelo. Siendo dueña de casa y después que tuvo a sus tres hijos; mi padre Julio Rubén, mi tía Marina del Tránsito y mi tío Miguel Segundo, se educó en interminables cursos de verano y yo, su nieto, la acompañé “al norte” cada verano de mi niñez.

Para los provincianos alejados del centro metropolitano que les succiona sus riquezas, la capital es el origen del mundo y mal de sus pesares pero también la oportunidad de cumplir sueños de superación. Aprendí el esfuerzo.
Así es que cada verano de mi infancia viajé con ella para acompañarla en sus estudios. La esperaba en la fuente de la plaza con mi barquito de vapor. Ella estudiaba en largas hora de clases en la Escuela Normal. Años después su nuevo carné decía: Profesora de Estado. Nunca sentí ni escuché de sus labios alguna frase de orgullo por sus logros alcanzados. Aprendí lo que era la modestia.
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Acumulo las imágenes de Michelle en blanco y negro de cuando ella era una adolescente escolar con un leve estilo hippie. No puedo dejar de mirar su rostro con la mirada siempre fija, seria, pensativa. ¿A donde miraría? Estaría mirando su propio universo futuro o avizorando como mascarón de proa el extenso océano de las incertidumbres o cortando la estela del presente para aprender a manejar los vientos y pensado al igual que nosotros, en la misma fecha de esos años: ¿qué se permitirá la vida, concederme? ¿Qué me deparará el destino?
Ya sé lo que le espera a una mujer. Conozco los manidos comentarios. No tengo grandes ilusiones. Le dirán que el peinado no le asienta, que no debiera sonreír tanto, que está excedida en el peso, que cuándo se casará. Lo mal que se portan sus hijas porque ha descuidado la crianza. Circularán figuras obscenas y la desnudarán en la red. Levantarán calumnias. Amplificarán sus errores sin respetar lo que significa la investidura de la Presidencia de la República. Cumplirá la crucifixión que maliciosamente esperan consumar los detentadores del poder; total, si bien no tiene turbante, ni barba, ni es negra;… es mujer.

Es probable que sea recordada como líder de un gobierno amable, horizontal, práctico, participativo, poco presuntuoso y demasiado sensible con los débiles. ¿Estaremos preparados para ello? ¿Lo soportaremos? Es probable que todo sea un desastre,…tal vez las estructuras de los partidos que la sustentan requieran del famoso y viril don de mando, rígido, excluyente y vertical que los oriente. Aquel don de mando que desde los patriarcales tiempos de los próceres de la patria ha regido nuestros destinos permitiéndonos disimular y soportar las dictaduras más abyectas con estoicismo de sumisos machos. Pero váyanse acostumbrando; la oleada ya viene.
He visto las caricaturas que circulan de ella y los viejos chistes hacia los débiles que acostumbramos preenjuiciar. Siempre supe que iba a ser así. Debo decir que también me he reído acostumbrado a una cultura de este tipo de chistes. Cuando la vi desnuda y gorda me sonreí; pero no sé por qué me dio un pudor y una vergüenza desusada. Es lo extraño;…y razón de esta reflexión.

¿Qué quieren que les diga? La vi y recordé a todas las mujeres que se han pasado la vida de generación en generación luchando incluso contra la apatía o liviandad de su propio género para conquistar espacios de igualdad. Cuando la vi desnuda pensé en mi abuela, en mis madres, en nuestras compañeras de la universidad, nuestras amigas, mis hermanas y mis hijas. En mi esposa y también, amigos, en las señoras de ustedes. Y sentí una gran vergüenza. Por eso les pido, compañeros, no me manden esos chistes de mal gusto.

sábado, junio 02, 2007

DÉCIMA CARACTERÍSTICA
...Y bueno;
para contigo, este será mi currículo vitae
con la más ménsula de tus cornisas lúbricas
que son eróticas repisas de libreros
con su callecita que tiene ese que sé yo
¿viste?
Unísolo me engancho en tu estrambótica
como si gustaras de mí, sutilmente,
la tímida retórica.
I

Girondiano hasta la más la ménsula de tus cornisas
me perturbás cuando toco tus tendones
que provocan tus sonrisas estertóreas
y bajo el verso del café con sus vitreaux
quisiera descocer esos botones
sin ninguna prisa pues sería el más fiel de tus conversos
en tus sabores rococó.
Anótese
como la principal característica
y bandera de mis recomendaciones incorpóreas.
Sería la primera.
II
Tengo sabor a menta, eso dicen...
con un suave dejo de pimienta
y lejanos ecos de canela ahumada
y taninos para quien lo advierte
sin embargo, de mí creo que permanece la eficiencia;
soy un fiel hasta la muerte:
si es que acaso me convences
y me llevás a conocer la catedral en misa party
con ceremonias del tiempo dedicado a San Martin
dócilmente adoctrinado por tu labia engrupidora y estridente.
Esa sería una característica segunda. Te creería siempre.
Comuníquese.
III
Tu posición decúbito dorsal
sagrario de las genuflexiones con el sesenta y nueve
también me ofusca con sus maduras redondeces,
con ese acento cantadito diestro que tiene algo de maestro
y suena incomparable
ensoñando el suave orgullo de las sábanas albinas
como nubes de los cielos que dios me ha reservado
y rozando la eromiel de besos cuando dices:
je t`aime mais non plus
pues no sé cómo
vos sabés
lo me gusta lo francés
dicho por la argenta acariciándome la piel
con espontáneas eyuculaciones gigantescas
a la intemperie del aereo pasto verde aquel
si le ponés polentas intestinas.
Todo indica que esta sería mi característica tercera.
Me refiero a tu vagina.
Notifíquese
IV

Y sí,...
me hacés reír
cuando equivocás esos acentos
pues tu vocabulario me hace cosquillas en los tímpanos
dientes, testículos, meníscos
...me dan unas ganas inmensas, gigantescas, de comerte
...y penetrarte hasta la úvula gozosa de tu muerte.
Parece muy ridículo.
¿Acaso el computador no te advierte que no se dice así?
Todo eso me excita.
Sería la cuarta sinfonía
esa cacofonía emitida con tu emocionado vozarrón de orgía.
Adviértase.
V
...Al lado tuyo sé que me veo muy siniestro
a pesar de que me frunces con tu boquita de Malbec
ese falso beso pequeñito y descartable
nubilando esos párpados inmensos
que se bajan cual persianas de un hotel
telúrico y burdel tan rojo como el combo primoroso
que te mandó el cultor del mate.
Ese que aparenta ser orate
estudiante de teatro, pensador y engrupidor. ¡Viráte!
Lo huelo a la distancia. Sería la cuarta
mi característica.
Y sería lingüística la manera de quitarte
ese gil de ojeras enfermizas.
Terminá con las angustias fronterizas.
Sabés que estoy piantao y que me creo un estandarte;
pero flaite.
Difúndase.
.
A propósito de lenguas
creo que para ti la mía es la perfecta,
la tripleta y la completa
vos no sabés lo que haría con mi lengua.
Fijáte que sería la Quinta del nervudo
y si Beethoven ya estaba sordo
yo estaría mudo.
Impártase.
VI
Bajo tus párpados telúricos
me acometen deseos callejeros
pordioseros me diría
si ellos, cual veleros del canal Madero dejaran asomar
esa mirada que me cruza como vela panda
y que me parte, que me clava a la distancia
y que me ancla
al recuerdo duro de tu piel con su fragancia
y de tu alma.
Sería capaz de decir que te amo de por vida...¿lo creerías?
Me invade la trifulca por decirte los perversos versos
¿Viste que entiendo mucho de la rima deste arte imbécil?
Che; no soy trucho.
Soy de veras. Dale. Y por la sexta vale.
Convénzase.
VII
Me dirás que no contengo mis caricias en esos pelos
de tu frágil cabellera,
serás calva cuando vieja si te beso siempre
Pero esos besos, que son bezos,
son los súcubos que acalambran las mandíbulas
cuando lanzo esos malgastados improperios
sobre esa carcajada tan ridícula que mis versos
y me acomete el deseo incontenible
de atraparte la úvula rojiza con mordiscos o pellizcos.
Empezando por cutículas y acabando en tus clavículas
¿Y a quien le importan esos pelos, esos versos y esos besos?
Y sería la séptima
que vuelve y rima una vez más con la ridícula.
Divúlguese.
VIII
Me cohíbe tu boquita pintada de alelí.
Tal vez me manche el cuello de camisa
y altere por momentos mi reputación
pero más me aterra el moretón de tu gangocho
o el espolón de tu cafiche parado en ese poste como un simio.
Jamás sospechará que te echaría un polvo
aunque fuera sólo por cumplir el ejercicio
mientras el gil ni cacha los meneos
que mantengo con todos mis babeos
confundiendo a su muchacha apoyada en la ventana
y que sostengo con bombeo
esos suaves cadereos.
Sería la octava.
Persuádase.
IX
Pero hablándome con tal desplante de argentina
ocurre que no mirás el punto de mis ojos
como si ya me conocieras
para vos parece que soy masa, público, cliente
y lo que es pior
ni siquiera advertiste mi temperatura ardiente
¿viste?
ni mi rugido con mis promesas de creerte.
Sos trola, sos gauchita y sos maleva
por lo cual esta nueva situación no alcanzaría a la novena
ni aunque me juraras de rodillas que es la noche buena.
Pero lamentablemente,
...y sí
...sigue siendo la novena.
Laméntese.
X
Te tomo la cintura,
seguís condescendiente.
Me sorprende, es pequeña, diminuta
me siento inmenso, invencible, poderoso, incandesente
al tomar entre mis manos la orbita perfecta de tu ombligo
y en tu boquita pintada desde el rouge barato
emerge el dicho como si besaras
y ni mirás mis gestos literatos.
...Una vez más,
me pides plata
me preguntás si soy rico
y te hacés la puta que acomete impune
la alegría adulterina de solitarios como yo.
Mi abrazo sigue siendo ardiente, corazón
y vale más, mucho más que el abrazo de tus piernas lisas
y tu lúbrico vacío,
...y mucho más
que monedas malgastadas
en los sueños que se abren a la verdad sumisa
de la inocente ansiedad de amarte sin dobleces.
Enmudeces.
Es poética esta propuesta.
Es profética.
Y es la décima
¡ a la que te parió regresas !
.
y creeme que soy de veras.

.
.
.

sábado, mayo 26, 2007


TALLA XXL ©
(Homenaje a los poemas satíricos del siglo de oro)














Quiero
una doncellita cariampollar y repolluda,
que sus caricias sean amasijos de las pizzas,
que me sobara y amasara como pan
para sentir ese sabor aperitivo
a paladar de jamones y arrollados,
que su gesto nunca sea alguna vez huesudo, arisco
y que me coma con sus ojos con inmensa gula,
como si fuera yo de almíbar,
o un postre tímido de helados.

Me dices que ya no cabes en ti misma de alegría
y al mismo tiempo
estás muy gorda con esos kilos supernumerarios
por lo cual me corres de tu lado.
No te entiendo.
Es flaco ese favor el que me haces, mi hermosura.
Te amo tan intensamente que mejoras mi apetito
si te veo comer batiendo las quijadas
con mandíbulas de Alien a sublimes dentelladas

No le haré caso a mis amigos, quienes dicen:
mejor está sopear el caldo plano de las flacas.
Y ni sueñes en ponerte a dieta pues te amo gruesa.
Tengo plena conciencia de tu robustez tan opulenta,
testigo satisfecho de tus muchas hamburguesas.

Ya me veo estupefacto ante la mujer Botero
y aplanado en el generoso pliegue sabrosón de tus costados
o desmayado por tu imponente abrazo tipo ballenero.
Mas no le creo a tu alharaca. Te amo corpulenta. Inmensa.
Debo confesarte que eres muy estimulante.

Te reitero: estoy enamorado de todo tu contorno.
¿Hay acaso algo más provocador que circundarte
como si yo fuera el estudioso Américo Vespucio?
En una de esas, descubro generosas nuevas Indias
para balancearte al compás de tal circunferencia,
si bien no creo que exista ese tamaño de columpio.

Lo que pasa es que soy adicto a tus dobles curvaturas
y a los abrazos acolchados, pues carezco de abstinencia.
Detesto esas carnes magras del ayuno
a las que me tenías mal acostumbrado
Antes que esas patas Broiler, prefiero esos muslos de Godzila
y me sulibera más la lisura en esa piel de Moby Dick
que el brillo pusilánime de una escama de sardina.

Entre curva y rollo,… prefiero la bulimia;
te amaría aunque fueses la culona Venus Williams
Es más; al lado tuyo me siento rutilante,
protegido y rubicundo querubín con mi Valkiria .

Por favor no persistas con la dieta de la luna
pues enfermarás de anemia y languidez a lo Morticia
Te prefiero obesa antes que blanca vampiresa.
Yo no podría ser tu conde Nosferatus de ojerizas
con sabor eterno a sangre en las papilas gustativas
aunque de vez en cuando me zampara unas morcillas.

El áureo número del Phi
es tu par de grandes senos,
pero con tanto embelesado por esos círculos concéntricos
me arremeten celos enfermizos.

Extasiado estoy también
por la contundente redondez de tus robustas nalgas
como nubes de ubérrimos balones o globo de tocino.
y me excita el meneo mastodonte de tu grupa
decorada por tus bragas diminutas.
Pero mucho más amo tus fajas
que rebosan cuando abunda con tus carnes
el coloquio atronador de tu enorme digestión
en tu redondo buche de porcino.

Lo decidí. Aumentaré de talla para dar felicidad contigo.
Es probable que yo resulte apretujado dentro de mis ropas
y me transforme en un tonel voluminoso
orbitando por tu esfera como un satélite glotón.
Te juro que daré la talla como sea. Seremos tú y yo
dos timbales sonando al unísono amoroso.

Pero tú seguirás siendo para siempre
mi frágil virgencita de la suerte
aunque la verdad sea un disfraz piadoso
y que nunca pueda hacer la vista gorda
con nuestro amor voluminoso.
Dame un beso delicado y redondito
ya que diste al blanco en mi chiflado corazón.

… y pensar que cuando me casé contigo
cabías con sobrada holgura
en la bolsita de un pompón.
©

domingo, mayo 20, 2007


CANCIONES DE AMOR (Los Jaivas)
Texto emitido para Liliana Zwetschek - pero compartido con todos, como las tortas de cumpleaños



Si abres el catálogo hasta desplegar sus cuatro páginas interiores verás que en el ángulo inferior izquierdo está la imagen de unos educados señores con ropas de etiqueta, con corbata “humita”- cualquier inadvertido pudiera confundirlos con garzones – pero ellos están tocando elementales instrumentos musicales; una batería básica, una guitarra eléctrica, piano y una blanca acordeón de 120 bajos. La música que emerge de ellos es del tipo Fausto Papetti, y si mal no recuerdo, le llamaban “música orquestada”, como la de Ray Conniff o Bert Kaempfert

En esos años un grupo llamado Los Primos hacía exitosos compilados orquestando temas como Desafinado de Jobim o Brasil de Barroso, cuyo sonido principal era el acordeón. Un instrumento que alcancé a tocar durante un par de años siendo un niño. Me compraron el acordeón y no la bicicleta porque ésta podía ser el fin de mi existencia. Según mi abuela, el acordeón fortalecería mi...¡qué me iba a fortalecer! si no las ganas de salir corriendo lo antes posible de la casa de mi profesor y su varita con la que me golpeaba los dedos cuando ponía mi pulgar detrás del teclado.., inaceptable. Pero gracias al acordeón alguna vez pude asistir a un malón haciendo el ingreso a casa de mi tío Charles Bourgade tocando My Bonnie y encabezando a los guitarreros, panderetas y viandas que portaban “el vituperio” como se les decía a las menestras de asados de cordero, centollas y ensaladas para celebrar el onomástico de tan querido y sorprendido homenajeado. Nunca volví a ver uno de estos actos que perfectamente se podían confundir con un grupo de evangélicos callejeros, si no fuera por los bultos de los numerosos manjares que eran ávidamente testeados durante el trayecto a la casa del festejado. Eso era en Punta Arenas, mi ciudad natal.

Volvamos al grupo de músicos y a
Viña del Mar. Ellos, si te fijas en la foto, parecen adultos, si no fuera por sus delgados cuellos sin asomos de papadas. En el bombo de la batería están las iniciales del conjunto; H.B. que significa High Bass. Sobre ese escenario, que no es más que una negra tarima y que tan bien recuerdo, puedo escuchar Percal y Caminito, ritmos tropicales, boleros, cumbias “orquestadas”. Era “música bailable” tocada con serio y formal entusiasmo.

Veo a mi prima, con un vestido amarillo, acampanado instándome a bailar. Es mi primer baile y nada menos que en el casino de Viña del Mar. Para él me estuve preparando semanas agarrado de las manillas de la puerta de mi dormitorio que se bamboleaba como la más grácil de las bailarinas. Con ella todo me salía perfecto, coordinado; incluso podía girar y volver a tomarla con la misma mano, sin que me diera un portazo en plena cara, ni el canto de su hoja terminara dándome el hachazo medio a medio de la frente. Lo que sí me había ocurrido en los primeros días.

Pero otra cosa era con mi prima. Ella pensaba y tenía pies que no leían mis pensamientos. Así es que mis giros, que no podían ser adivinados, terminaban con mi humanidad enfrentada al vacío o una espalda de otra pareja de bailarines. Mi prima que se llamaba, Angélica cuando te nombro me vuelves a la memoria - ahora se llama señora María Angélica – definitivamente no era puerta y estaba en la Universidad Católica invitándome a su fiesta de ingreso; la elegante “fiesta mechona”. A mí me faltaban a lo menos tres años para terminar la secundaria, llevaba formal vestimenta, hacia buena pareja con ella y mi balanceo al son del High Bass pasó por los salones de baile delñ Casino de Viña del Mar, sin pena ni gloria. Pero qué se podía esperar si mis aficiones en la música andaban por grupos tan contradictorios como Los Chalchaleros con sus cantos melancólicos y bucólicos. ¿o no sabes acaso que la luna es fría, porque dio su sangre para las estrellas? que cantábamos con monótono adormecimiento,... y un negro enloquecido y electrificado que cantaba Lucille y se llamaba Little Richard.

Lucía era la hija del almacenero. Esa condición le daba gran notoriedad económica y a su padre todos le decían el Coño Laredogoitía por abusar de dicha palabrita. Y su hija, que sería mi primera novia, era la más virginal para bailar cualquier tema de Jerry Lee Lewis. Esa manera de martillar sobre el piano en Whole Lotta Shakin' Goin' On invadía de electricidad orgásmica todo mi cuerpo por lo cual jamás sentí curiosidad por morder la nuca de Lucía a pesar de que ya tenía el largo que se transformaría en el fetiche de mis búsquedas por el resto de mis días.

THE BEATLES, todo los Beatles; pero una en especial; Here, There and Everywhere, del más revolucionario de todos los álbumes de la música: REVOLVER; sería la canción de mi primer amor.
Supe que estaba enamorado porque caí en un estado de absoluta estupidez, el cual sumado a mi aspecto de pintor bohemio me transformó en el sujeto más extraño del barrio. Los piadosos vecinos dudaban de mi normalidad mental y me veían como un esquelético e incandescente pajarito incapaz de matar una mosca. Lo de incandescente iba por el largo de mi melena pelirroja que yo acentuaba con brillantina. Todo un incendio y expresión de mi alma en ignición... Entonces; aprovechándome de mi ventajosa situación luminosa pero de inofensivo estudiante de arte, futuro pintor, no hallé nada mejor que reproducir en una de las paredes de mi cuarto y de piso a cielo, la carátula del LP REVOLVER. Ahí descubrí que en ese doméstico dormitorio del arte podía llevar a mis amigas más fiables, en lo deseable; que fueran endebles y flexibles, para que cayeran extasiadas en la contemplación de ese portentoso dibujo hecho con lapiz grafito Faber Nº 2. En verdad lo era; portentoso.
Young Girl de Gary Puckett, Dave Clark Five. Herman and Hermits, Percy Sledye, Mary Hopkins, Are You Experience? de Jimmy Hendrix, ¡qué gran tema!, gastaron sus surcos acompañando mi experimentaciones en el peligroso arte del óleo y las telas de todo tipo, llámense calzones, blusas o sostenes, arpillera, lino o tocuyo adargado.

¿No sé si has visto Cowboys de Medianoche, con Dustin Hoffman y Jon Voight y escuchado Everybody's Talking? Bueno; yo me vestía con botas y esa chaqueta de cuero de ante color verde musgo con flecos. Algo muy fiero para la benévola comunidad de las estandarizadas familias de mi barrio. No me gustó como acabó esa película y lo más probable en la búsqueda de mi destino era que iba a terminar en un hombre sin lugar, como los protagonistas de ella. Así es que decidí abandonar la pintura e ingresar a arquitectura. ¡Y cómo no! Tuve mi fiesta mechona. Pensé que sería como la de mi prima Angélica, pero se hizo en las catacumbas de la escuela; con vino tinto, morcillas y puré. Probé mi primer vaso de vino, razón por la cual me robé el barato vaso de vidrio que fue mejor trofeo que el beso robado a Marina Serrano. Heavy.

¿Ves esa foto en blanco y negro donde están esos muchachos melenudos con sus ropas adosadas fieramente a sus delgados cuerpos? ¿Ves el desparpajo de sus carcajadas y sus chalequitos de dibujos andinos? ¿Ves cómo llevan flautas, pitos, tambores y bombo leguero? Bueno, así salimos desfilando por las calles al concluir la fiesta. Y quienes encabezaban ese desfile nocturno por las calles de Valparaíso eran Los Jaivas. Ya se habían cambiado de pinta, nombre e ideas. Eran mis condiscípulos condiscipulorus. La Facultad de Arquitectura… el gran coliseo del alma. Y estaba allí el alfabeto de los pájaros, la superficie de los calles con su texto nuevo para completar la memoria altiva de mi adolescencia y de su tiempo. Y yo marchaba ufano entre todos ellos.

Los vi en la UCV TV en blanco y negro con un piano de cola al que le rascaban las cuerdas, le metían palos, le frotaban vasos, serruchos, era todo experimental, era como reinventar la música, descubrirla de nuevo en una experimentación irracional tutelada por un fantasma a lo Bela Bartok. En aquellos tiempos de color a lo Bela Lugosi los escuchaba perplejo y muy serio, como si la cabeza me fuera a explotar por intentar comprender tal barbaridad, lo que mi erudito profesor de música denominaba "música concreta",... A mí me aparecía demasiado abstracta.

(¿Qué parte mía es la que conversa contigo?)

AL lado de mi casa, en Quilpué, vivían los hermanos González que pertenecían al grupo Los Fratellos asociados a la banda Los Master. También ellos se cambiaron de nombre. CONGRESO sería su nuevo apodo para fusionar el rock con la música latinoamericana y al cual se integraría más tarde Renato Vivaldi; otro acólito de la Facultad y Francisco Suazo, estudiante de filosofía y viajero consuetudinario de la línea íntercomunal Sol del Pacífico, si es que se lo permitía la buena voluntad del chofer. Pero esa es otra historia y tan extraña como aquella de los griegos The Afrodite Childs que devinieron en el vocalista Demi Rousso y el descomunal compositor Vangelis o como lo llamaba su madre para que fuera a almorzar:
¡Evangelos Odyssey Papathanassiou¡ ¡A comer!
¡Qué kaleidoscopio!...Te mareo…

…Y ya es 1972. Al fin aparecían canciones en castellano cantando nuestros sueños, voladas y sufridas, nuestras, propias, aunque la música orquestada estaba vivita y coleando. Herb Alpert and the Tijuana Brass y Sergio Méndez Brasil 66 estaban en el ranking de las radios. Dione Warwick, Burt Bacharach, Carpenters tenía seguidores en los conservadores. Nosotros, el futuro, le daba duro a The Guess Who, Black Sabbath, Led Zeppelín y Pinck Floyd, un poco menos a Jetro Tull, The Who, E.L.O. Deep Purple, Moody Blue, Supertramp y a Yes, con Rick Wakeman pero mucho mejor aún con Patric Moraz quien trajo una canción llamada, More Tea Vicar…la canción de vida, la que me gustaría llevarme de esta vida ¡Sé que te estoy mareando! Mi lista es interminable. ¿Sabes por qué no pongo a The Doors? Por Jim Morrison. Era un narcisista que hacía demérito al grupo. Por eso, por individualista, tal vez los jóvenes de hoy lo idolatran. Tenían una sola canción buena Light my fire.
Pero esa música recojía y esparcía los anhelos, siempre inconscientes, de la juventud como si ella fuera un solo himno universal que invitaba a creer en la quimera hermandad de los hombres, cuyos mejores exponentes son Joan Baez, Bob Dylan, Janis Joplin. En todos ellos e incluso en Elvis Presley estaban esas ansias urgentes en pos de la libertad, de creer en las ilusiones que nos liberaran de la insatisfacción. ¡ I' can't get no !

AYER CACHÉ se llama la primera canción de rock con identidad nacional. Eso; eso mismo lo había cachado ayer no más. (Aunque sé que el primer rock nacional lo tocó una banda perdida; Los Vidrios Quebrados, influido por grupos como The Byrds, The Beatles o The Kinks. Dejaron su único L P; FICTIONS y reliquia histórica, en mi casa, pero nadie lo sabe).
Ayer caché
Ayer caché
el amor que viene despacito
el amor que viene suavecito
Viene con un sueño por el tiempo
Viene con la risa y con el beso
Viene con la historia que nos cuentan
Para que nunca más…

Al fin palabras de nuestra jerga (¿orígen? To catch. Se ha propagado hasta las tierras de MTV) Cachar, guachimán, bachicha, chuflay, todas ellas deformaciones idiomáticas que llegaban a nuestro puerto como esos cuartones hinchados de humedad que varaban en las costas y balanceándose acompañaban a algún pescador de jaibas para colaborar en la construcción de su mediagua. Así llegaron esas palabras para armar la curiosa arquitectura idiomática del Puerto.

Juan Luís me decía: ¡pero mira el débil punteo que tocan! ¡Cómo te puede gustar! Y claro; él, que era un ferviente admirador de la guitarra de Jimy Page, Eric Clapton, Jeff Beck, Jimi Hendrix, Carlos Santana, Neil Young, Frank Zappa, no podía entender que yo reconociera en esa guitarra chillona tocada con mediana maestría una especie de escala de la quena, como el sonido local de una guitarra tocada en Valparaíso, que sonaba en las boites porteñas pulsada por grupos como Los Tigres o Los Blues Splendor y que en aquel entonces, aún sobrevivían con sus ternos celestes y tenidas de uniforme tocando en los garitos para un público que mermaba y que ya comenzaba a dejarse el pelo largo para mejor filtrar los sonidos de esas nuevas canciones con nueva letra. Intento que comenzará a aparecer, como intentos de versos, coincidentemente en mis cuadernos. Y que dicen así:

Mira niñita te voy a llevar
A ver la luna brillando en el mar
Mira hacia el cielo y olvida ese lánguido temor
Que fue permanente emoción
Ay,… fue permanente emoción
Para la hija de un hombre
Con ojos de cristal
Y papel sellado en la piel

La fuerza de esta metáfora para el deseo con la hija del boticario vecino- que usaba lentes sin marco- me pareció sublime, pero ella nunca quiso bajarse de su Ford T, aunque más de alguna vez intenté subirla a la moderna citroneta que me facilitaba, después de la letanía de mis ruegos, mi amigo El Cuervo.

Esa guitarra que podrían llamar mediocre, es la misma que sonaba en los garitos cuando existía una estirpe conocida como los estibadores, que no trepidaban en cantar Vergüenza Ajena cuando cargaban a pulso y con insolente alegría los buques o motonaves que llegaban a Valparaíso, hasta que la aparición de la mecanizada estiba de los contenedores hizo menguar casi hasta la extinción a esta otrora casta privilegiada de los puertos.

Vergüenza
Cada día más vergüenza
De este amor enloquecido
Eso sienten los demás.


Es lo mas porteño que podrás escuchar en cualquier cantina o bodegón de los bajos fondos del puerto mientras comes tu merluza frita con papas mayo sobre una mesa con mantel de hule.
Conveniente sería que te chorrearas los pechos al cucharear el pebre (chimichurri) que anticipadamente probaste para estimular tus papilas. Sería una condecoración perfecta para escuchar a ese anónimo que pasará cantando por unas gambas (monedas de cien pesos). Será el espejo exacto de lo más nato en el cantar popular del barrio puerto. Al igual que esa estrofa de Bolerito que no alcanzó a bolero.

La Conquistada es una cueca; una especie de cueca lenta, inspirada en el septiembre del 73 y que paradójicamente, fue usada por el aparato propagandístico de la dictadura, como cortina de fondo en el noticiario 60 minutos de TVN. Entonces Los Jaivas emigraron a Argentina a raíz del golpe militar. Me atrevo a decir que allí se define la identidad musical de Los Jaivas, cuando logran fusionar en ella los elementos sonoros provenientes de tres corrientes musicales muy distintas entre sí: la música clásica, el folclor latinoamericano y el rock progresivo. (Creo que hoy soy unos de los pocos que puede descubrir en sus composiciones algún acorde tipo Fausto Papetti). Paralelamente constituyeron un aporte para el desarrollo y evolución del rock argentino. Hasta que les llegó su hora a los argentinos el 75 con sus propios militares y entonces Los Jaivas se fueron a París.

Si tú ni estás
Cómo podré olvidar
La vida,
Aún amándola tanto
No la siento igual ...

Jamás sabré lo que el amor nos puede dar
Mi vida estando junto a ti
Me hace olvidar
Me hace creer
Estar siempre feliz ...


La bella voz del vibrato agudo, potente, del Gato Alquinta (que Dios lo tenga en su santa gloria) me eriza los pelos. Así de simple. Casi cursi, te diría que me salen lagrimitas. Algo que habitualmente me pasa con las ondas musicales que me traspasan de lado a lado como si un espíritu me tocara. Es la canción de amor que yo hubiera elegido cantar si mi voz pudiera. Supongo que los años me han convertido en más Ser, para poder alcanzar a sentir lo sublime pues la emoción que me produce esta canción no tiene lógica y es una sensación tan intensa como tener fé. Que alguien la explique...

Pocas veces en la historia de Chile el funeral de algún músico como la del Gato congregó a tanta gente. Ello habla de la ascendencia que tienen Los Jaivas en el alma popular y la importancia que ha tenido en la historia de la música sudamericana.

Hablar de Los Jaivas es hablar de una u otra forma de historias particulares y de la historia sudamericana con todas sus contradicciones. Es hablar de la etnía y geografía, de lo variado y rico de la cultura, de lo íntimo de cada uno de nosotros y del nosotros.


Sube a nacer conmigo hermano
dame la mano de la profunda zona
de tu dolor diseminado.


Por eso te quise regalar ese disco con CANCIONES DE AMOR de Los Jaivas.
Dicen que no hay realmente pequeños o grandes rituales. Hay rituales fuertes y otros débiles que se practican por fuerza de la costumbre.
Los rituales de la vida cotidiana son grandes en la medida que conciernen a millones de personas, como por ejemplo el almuerzo del domingo en familia, pero son rituales débiles.
Un ritual fuerte es un ritual que no sólo se repite, sino que inaugura una apertura nueva como lo es el hecho de escribirte y regalarte parte de mi diminuta historia.
Por eso este texto es también una Canción de Amor.

jueves, mayo 17, 2007


(Para Gersomina Maricel Riquelme)
UN TRATO DEFERENTE

- ¡Hola! –

Esa palabra que me ha dicho usted
es cascada de pájaros bisoños
ya formales, matutinos
cual mermelada de damasco con tostadas
y jugo de naranja al despuntar la madrugada.

Al menos me parece que es usted muy joven de maneras
y la disculpo por la cornisa franca de su risa.
Le respondo pues,
ese saludo provinciano que me ha dado
retirando mi monóculo intrigado:

- ¡Buenos días señorita! –

Me suena como a infancia
con la humareda blanca de sus trenes
viajando hacia los montes lisos de mi silabario escapulario.
Me sonríe usted familiar y limpia, viva
como el aroma del café que inunda el comedor
del solitario hotel.

El periódico se dobla.
Ya no me importan sus historias.
Me interesa la lozanía de su piel
y como masca usted esas tostadas rubias
porque crujen mucho en su saludable dentadura.

- Buenas… –

dice la voz ronca con la bronca
de ese vendedor viajero
que arrastra su maleta de andenes, etiquetas y aranceles
cargado de amargura y tratando de ser fiero.

Le meneo la cabeza con mi venia.
La menea usted con su boca llena.

- Buen día -

Dice la anfitriona que retira las bandejas
con sus servilletas y su morena piel curtida de propinas.

Será hermosa la mañana
con el brillo de su luz a manos llenas
y el sonido de las aves picoteando las manzanas amarillas.
Hay razones valederas y cenizas en mi billetera
para mantener la sangre fría
en la hora amarga de este carrusel.

- Adiós –

Ya tengo el valor de caminar las calles.
Con esos buenos días
me ha entusiamado usted.



...

jueves, mayo 03, 2007



EL SOMBRERO Y EL RELOJ
(En memoria de mi suegro Germán Soto Moreno: Un pampino en sus años mozos)

...Y de mi plato, se nos acabó hace rato ya todo el caldo. Las presas disminuyen a cada corte untado en mostaza para aquellos con viejos paladares. Se acabó el almuerzo. Satisfecho estoy; ya no queda médula en el hueso.
.
A propósito de huesos y leyendo el Empampado Riquelme - ese hombre parsimonioso que inesperadamente abandonó el tren nocturno durante una imprevista detención en medio del desierto disipándose en la pampa y en el olvido para ser encontrado como blanco monumento cincuenta años más tarde - de él, me llamó siempre la atención, que en esos huesos encalados en medio de la nada del Desierto de Atacama; estaba en pura cal reseca, quebradiza y blanca; su talón anclado, sosteniendo porfiadamente contra el viento de la pampa, un sombrero alón.
.
Y ese hombre que abandonó amante, esposa, madre, hijos, hijas y que terminó al fin desertando del tren con su destino cierto; nunca fue capaz de renunciar a ese sombrero que confirmó durante toda su vida la estampa del hombre silencioso bajo sombras.
.
El sombrero resguardó durante las horas terminales de su vida, al hombre alto y lento en medio de los vientos de la pampa, acompañado sólo por el ruido de su respiración perdida y el tic tac del reloj Urbina, que al final, después de detenido el corazón de ese gigante, continuaría moviendo el vaivén de su engranaje durante días hasta que sin protagonista a quien martirizar con su premura, se detendría; marcando para siempre las diez y media.
.
¿Hay en el desierto algo más importante que la sombra de un sombrero y algo más inútil que un reloj?
.
Debe ser el hueso sin médula el que me trajo este recuerdo…
..
.
.

jueves, abril 26, 2007

AI TRUFUS

De izquierda a derecha; arriba;Fernando Albet con su sombrero de chola y Rubén Carcamo con su sombrero llanero Guanajuatense.
Al medio, Julio Sanhueza con porteño sombrero de fieltro, Jorge Abarca con su calva incipiente (El único que se atreve a sacarse una foto sin sombrero), Jorge Kornbluth con sombrero de menina, Cucho Vásquez con quepis, Antonieta Suruasky con sombrero sumerio de velo, Pepe Ruiz con sombrero de copa, Ismael Arias con jipi japa, Erna Graindorje con sombrero de rollo y tocado, Sonia Soto con sombrero de saó, Pepe Ochoa con sombrero de fieltro.
Abajo; Marcia Toro con sombrero de paja teñida y de velo, Soledad Witt con sombrero de paja. Eitel Thieleman con boina guerillera.

---> ¡ESTE POEMA TIENE SELLO VERDE! Y HA SIDO CONFECCIONADO EXCLUSIVAMENTE PARA CELEBRAR EL RITO DEL REENCUENTRO<---

¿Qué les parece si en esta ocasión,


en que vamos a mandar una porción de carne al pecho mismo
echamos una miradita a las deformaciones del socialismo?:
de la decé hasta la zeta,

¿O un vistazo a las honduras inconmovibles de la dictadura?
de los nazis hasta el plan zeta

También a las deformes hinchazones de la democracia
de las funas hasta el ni ahí

Y si la cosa da para largo,
llegaremos a los floripondios de la erudición
¡Mi Dios!
del kitsh, el naif, el pop y el camp
del tecno, el glam y el wave
del dark, el trash, el gore y el metal
la escuela de frankfurt, incluso la Bauhaus
el gitano, pachuco y adolf loos,
de la onu, la otan, la opep, el tlc y el tarot
el Feng Shui y el cómo estái tú
el pacto andino, el pacto de Varsovia, el pacto con el diablo
el mercosur, la comunidad europea y el shap sui
la triple entente, la belleza ecológica de Le Corbusier
la eficiencia energética, arquitectura bioclimática,
gestión de residuos o lo que queda del gobierno ciudadano.
¡Sí señor la manejamos todas!

Y era que no;
de la República de Valparaíso también pues,
Puerto de Todos
y Fondeadero en extrañas circunstancias nacionales
nos vamos con tangos y valsecitos peruanos
desde las marraquetas hasta el pan batido
el llanto de la Lucy y el chuflai
bachichas y porteños
interoceánica y el guatero galáctico
el porteñazo con la chela, incluyendo el submarino flach
la pérgola y el plátano con leche
el incendio recién pasado y la malta con huevo
el crimen del cerro o del Pillín Pillín
el café riquet con su once completa
el jota cruz con chorrillanas
y el cinzano con su mejor zorzal criollo
la virgen del bote salvavidas
con su milagro de los choripanes
los goterones del túnel polanco
el muelle barón v/s el congreso
el homenaje al rey Neptuno amigo de los peces
el mercurio, la estrella, tiquitiquití
la universidad reaccionaria piedra feliz
y los facultados y castisos
de la facultá de arquitectura
de la Universidad de Valparaíso

- Y por último si alcanzamos,…le daremos duro
al calentamiento global, la deserción sexual
a la subida de las aguas, la inversión de los paraguas
al día después de mañana
que fue anteayer no más que te lo conté
a la arquitectura, abolladuras y horticultura
a los jugos de la carne, al descarne y al reencarne
al mosto de los vinos, al porcinos, bovinos y caprinos
a la sal, el pan integral con todo el sexapil
y el hilo dental para retirar esa porción de salchichón
y lo ilegal que representa la carne vegetal
(¡Señores; será una bacanal!)

A las fotografías, las alcaldías y alopecias clásicas
y las nuevas interpretaciones del Mesías con sus camaraderías
A los abrazos, tocaciones y palpitaciones
con llamaradas más o menos páusicas
y extrañas adicciones por la botánica
A la adivinación de las futuras vocaciones filosóficas
que son detectar rebajas en la locomoción,
el municipal y las bóticas
las ofertas del camposanto, el fonasa,
la isapre o las clínicas particulares
y también deserciones sacerdotales,
mas no jubilaciones,
a las respuestas finales del hosana
con su dosis incontenible de absoluciones.

También informaremos de las abstenciones
y nos sumaremos a las aclamaciones con pasión
Entre tantas cuestiones
continuaremos con nuestras alimentaciones carnales
remojando adecuadamente el revoltijo en líquidos licores
para continuar con alocuciones interpretativas
sobre la última película de tarantino
¡Viejo qué bueno está este vino!

Será también la hora de las alucinaciones
producto de viejas aspiraciones
(hábitos que no hemos logrado erradicar
a pesar de las recomendaciones)
Confirmaremos definitivamente nuestras inmutabilidades
cuando nos paremos junto al gran ventilador
para que no nos alcancen esas gruesas municiones
pues ya nadie está para revoluciones.

Haremos honestas confesiones y renovadas biografías.
Diremos lo que dolieron las amputaciones
al son de las canciones
de los jaivas, los blop y los blues splendors.
Proclamaremos nuestras condecoraciones
del efecto invernadero en nuestros corazones .
Estaremos una vez más
en nuestras constelaciones; sorprendidos
por la manera en que ahora se realizan las genuflexiones.
Acaso sean las viejas emociones
la causa de tanto dolor articular.
Llegará la infausta hora de partida
y no habremos terminado
con nuestro incontenible desahogo. Lo certifico.

Nos quedará pendiente comentar nuestros viajes
a países tan lejanos como Kioto
y mucho más lejanos aún... a nuestra infancia distante...
lo que han crecido nuestros hijos ejemplares,
lo que ha cambiado el tiempo
lo igualito que estamos
lo que se ha perdido de valores
¡y lo que se perdieron los que no vinieron!
O sea,
temas,… tenemos para rato
Hablaremos de casi todo
con la sola excepción del fútbol
y transantiago
por si acaso.



También podremos ensayar algunos tragos
no ortodoxos; a saber:
Esa combinación nuclear
más antigua que hacer pichí contra la pared
y llamado comúnmente Submarino
que recomendamos no combinar ya que puede resultar letal
para tanto carcamal.
El afamado Terremoto del pipeño
con su par de cucharadas de helado de piña.
toque amargo de fernet y un chorrito e’granadina.
El Jote de vino tinto y Cola,
que puede ser elaborado en bacinicas o con l'olla
o el Chuflai de agua ardiente feliz y Bilz .
El Borgoña, el clásico más clásico del vino con frutilla
en sus versiones de blanco y tinto pa' las niñas.
La Malta con aritmética
bate que te bate harina tostada,
azúcar flor y malta con su pizca de fonética
O la Pantera Rosa que es el pisco con leche condensada y Fanta
o el Yugoslavo de Ginger Ale y vino blanco con limón
Con todo el pandemonium seguro que nos llegará el Pigüelo
que es la harina tostada con su vino, ese viejo trago de abuelo
Recomendaremos prontamente rellenar
cada vez que se baje la baranda.
Se acabará por un buen rato, la sed toda
aunque nos quepa todavía un anaranjado navegado.

No podremos jugar al monito mayor
ni al corre el anillo
ni a la cañería de milico.
Por respeto intrínsico a las damas.
Podríamos ser causa impostergable de un soponcio.

Terminará gallardamente y como siempre
con la sonrisa de oreja a oreja
pues en ella habremos mejorado la destreza
situándola perfectamente medio a medio en la cabeza

Admiraremos las adecuadas curvaturas naturales
de nuestros vientres satisfecho por tal acontecimiento.
Los deslizamientos imperceptibles de los párpados
serán causa de amplias ovaciones,
Será aclamado sin restricciones
cualquier intento de cabezazo
tanto
como algún hipo imperceptible
o algunas emanaciones vaporosas inferiores,
o sea, reiremos intensamente a carcajadas
con las adecuadas olas de algarabía
por acontecimiento tan solemne.

Nada distinto
de lo que hemos hecho en similares ocasiones
y al mismo tiempo tan energizante ¿No es cierto?
Receta milagrosa para mantenerse siempre alerta
a los cambios de la vida,
a las vicisitudes del servicio doméstico,
tan escaso en nuestra oferta,
acorde con los signos de los tiempos,
acorde con las toneladas del afecto,
afiliadas con inmenso desparpajo
a nuestro organismo incorruptible
y por supuesto acorde,
con el plácido paso de los años
que para esta oportunidad
darán casi treinta pasos para atrás
disminuyendo sus respectivos kilos
y aumentando la esperanza de una mejor vida
la cual no es precisamente asistir al patio de los callados.

Y esta sería toda la monserga
para solicitar vuestra asistencia a nuestra juerga
Así llueva intensamente o enhorabuena
estén pariendo nueva luz.
Salud.
Salud.
...
Salud.
.
.
.
(Texto auspiciado por una copita de licor estomacal Bitter Araucano
aperitivo digestivo elaborado de hierbas de Arauco producido en Valparaíso.
Es excelente para indigestiones del estómago)
.
.
Sombrero blanco: simboliza neutralidad y transmisión de información; tiene que ver con los datos y la información. Este sombrero pide que dejemos de lado las propuestas y los razonamientos para concentrarse directamente en la información
Sombrero rojo: se relaciona con los sentimientos, los pensamientos y las emociones. Expresa abiertamente los sentimientos, suele tener beneficios para las decisiones colectivas.
Sombrero negro: simboliza dureza; evita que cometamos errores, hagamos tonterías y realicemos actos que podrían ser ilegales.
Sombrero amarillo: este sombrero tiene una visión lógica y positiva de los hechos. Toda idea creativa merece la atención de este sombrero.
Sombrero verde: piensa en la vegetación y el crecimiento; este sombrero exige el esfuerzo creador
Sombrero azul: este sombrero tiene el control de los procesos e indica el próximo paso en el razonamiento.



CAVILACIONES DE UN GASTRÓNOMO INTERPROVINCIAL LATINOAMERICANO .-

(Para Liliana Zwetschek - lilianazwe)

¿De dónde viene la empanada, este sustento más simbólico que real de la culinaria chilena? Pues de Galicia, Asturias y Salamanca. Lo que natura no da, Salamanca nos lo presta. Y si no os convencéis, digamos que de Andalucía gracias a la invasión árabe en los tiempos del Cid y si no es de por ahí, es de por Alá. Ya que estaríamos remontándonos a los oasis del Mahoma. De lo que se deduce que por eso las empanadas a veces quedan “maoma no má”.

Mi linda; las empanadas de pino son originarias de Chile, pues. Al menos eso creen los orgullosos chilenos,... hasta que salen del país. La compone la masa que es como un cambucho en media luna y el pino. El "pino" es un relleno sobre la base de cebolla, carne de vacuno, en preferencia "asiento" picada con cuchillo y no-molida. No tengo la menor idea de dónde es el corte que aquí se llama asiento y preferiría no averiguarlo, ojala que mi sospecha sea equívoca. Mi hija, que es muy versada en vaquitas me explica mouse en mano, que es el corte de la cadera.

Como te decía; debe llevar alguna hierbita aromática como el comino, el pino - que debe ser escaso para que la esencia sólo se adivine - orégano de forma sutil, pimienta negra que a mí me gusta mucho, tal vez ají con color, pasas, aceitunas y "huevo duro". Sería lo ideal. El huevo duro es el huevo cocido en su cáscara. Se le considera fruto nacional y de prolífero uso en los paseos escolares.

El huevo duro de la empanada importa y la dosis que dicta la sensatez y el paladar es un "casi cuarto" de huevo color rural, grandecito, de gallina del campo, que si fuera castellana es mucho mejor. Asombroso sería ponerle huevos de gallina mapuche que dan huevos con el color de la cáscara verde incluso azules. Los huevos del super son de yema muy desteñida, lo que no es raro, ya que al fin y al cabo son yemas urbanas. Debe cortarse en forma de anillo y como ya dije; gruesecito y posarse con delicadeza sobre el pino, igual como la guinda de la torta, justo antes del momento de doblarse la delgada masa.

La aceituna debe ser del valle de Azapa, aunque a mí me gustan mucho las de Til-Til, sobre todo desde que tiene un alcalde comunista y deben ser "zaja’as" o sajadas, como usted guste pronunciar y evidentemente sin cuesco porque si no le hecha a perder el pino completo y toda la producción. Además no sería bien visto que los comensales anduvieran agarrándose a disparos de cuescazos en la mesa; la que debe llevar mantel de plástico. Condición "sine qua non". Esto es porque por allí cerca están bailando y zapateando algún baile folclórico y los vasos de vino siempre se vuelcan. Esto último me aterra porque me hace doler la cabeza y avinagra la tertulia. Ojala que nadie cantara por allí cerca temas de esa naturaleza.

Yo sé que a usted le gusta tocar guitarra así es que se lo permitiría siempre y cuando fueran canciones elaboradas sutilmente y con alto contenido erudito, en lo preferible zambas de mi esperanza, tonadas que cruzan la cordillera o canciones simplemente melodiosas con sabiduría poética. Detesto la cueca que es baile nacional, razón por la cual no asomo mis narices en las fondas; nunca, ni aunque me busquen con velas.

En lo personal, las pasas centran toda mi atención. Toman un sabor exquisito al hincharse absorbiendo el jugo del pino y su sabor adquiere insospechados matices si es pasa sultanina, por lo cual para mí son insustituibles estos frutos como gotas de miel entremedio del condumio. La pasa sultanina tiene la gracia que es de un amarillo cristalino como el ámbar y se ve muy bien en ese revoltijo que es el pino. Es como para decirle con voz ronca: "¿qué hace alguien como tú, en un lugar como este?". Así es que la gracia también es el color de los pequeños elementos que componen la empanada.

Cuando en el pino está todo muy oscuro, mejor comérsela con los ojos cerrados. Deben ser "caldúas" las empanadas caldúas, chiquilla. Es decir; con mucho jugo a fin de que cuando le claves el diente ese jugo corra por el codo para que te gotee hasta el zapato. Por ello se comen mejor de pie y a la distancia. Por lo general las preferidas son de horno y mantenerlas jugosas es un arte del cocido. Hay que cuidarse de no calzar zapatos de gamuza porque de seguro se mancharan. Mi pie derecho ya tiene manchas de chorizo y de empanada de queso. Es altamente conveniente mantener el codo en alto para que no se derrame el contenido de la empanada caldúa y el dedo meñique parado, lo que significa en el lenguaje de los sordomudos comensales: "ahora estoy ocupado”.

Se deben hacer en horno de barro para que la masa quede con un leve sabor a ahumado, lo que le da el toque campestre. La masa debe ser delgada y permitir que sus bordes y dobleces queden levemente crocantes por encima. Son muy importantes los plegados. ¡Por Dios que son importantes los plegados! Los mejores son los triangulares ya que cuando se les pasa un pincel con yema de huevo, el dorado del tostado queda estupendo. Me agradan las empanadas bronceadas como turista de playa. "Repulgue" le llaman al doblado los complicados. En un poblado llamado Pomaire las empanadas las hacen de un kilo y le llevan una presa de pollo. Hay que ser muy encachado para comerse una de esas. Y también un poco bruto pues según la Ley de Murphy, lo seguro es que tu mejor diente se irá derecho al hueso.

La mejor hora es la una y media de la tarde y con el estómago vacío. Dato muy importante cuando se dice: "mañana voy a comer empanadas"; así en plural. O sea, hay que hacer hambre como el mejor entendido de las dentelladas con un día de anticipación. Mi record personal es diez y media empanada de engullimiento desenfrenado. Y sin vino. Lo que es la mejor demostración de que estaban sanitas, esto es; en el justo equilibrio de todos sus componentes. Si no se dejan querer es que están reguleque y usted no pasa de la primera. ¿Ve que en todas partes sale la pasa?

Se les acompaña con vino por lo general, en lo preferible blanco y obligadamente de cepa desconocida pero que sea con damajuana, garrafa o chuico. El tipo de recipiente dependerá del volumen de sequedad de los sedientos del lugar. El vino tinto no hace buen "maridaje" según mi opinión. Algo falla en el PH mío. También creo que lo correcto es comérsela con un vaso de chicha, la cual debe obligadamente tener un leve aroma a uva ya que es el olor de la chicha y no el color lo que determina su calidad. Me refiero a la calidad de la chicha baya, que es la chicha cocida. No recomiendo adjuntar ponche en leche, ponche en canela, ni ponche culén. No más porque ni pega ni junta con la empanada. Sin embargo, el aguardiente fíjate que le pega.

Si la empanada es muy buena, lo sabes después que te la comiste. Si es mala, "repite". Y siempre te dirán que las mejores son las que "no se repiten”. Es muy raro; uno se repite de las empanadas que después no se repiten. Así es que siempre es un riesgo para los delicados en sus membranas digestivas. Tiene que ver con el cocido justo de la cebolla, ya que esa cebolla se sofría antes de hacer el pino. También debe llevar la cantidad justa de azúcar. A mi madre le gustaban mucho con azúcar al momento de servírsela. Ahora ya no puede acometer esos desafíos digestivos. La cebolla se dora a fuego lento en aceite de oliva si fuera posible, con un poco de ajo picado, pimiento rojo y nada más por ahora. Nunca sabré por qué a ese relleno se le llama pino. Parece que allí está el secreto profundo de lo criollo y como te dije; no te quepa duda de que tiene origen mapuche. Algo indescifrable del alma nacional. Tal es así que cuando se requiere ponerle empeño a un trabajo se dice: "¡pongale pino, compadre!"
.
Bueno; ...me acaba de corregir un erudito con una verdad irredargüible, así es que le copio el texto tal cual me llegó: ""Don Rubén, los españoles al venir a la conquista de Las Indias traían su trouppe de personal para ser atendidos; lo que significaba que en cada país los conquistadores se fueron quedando con su personal (peluqueros-sastres-enfermeros-talabarteros-panaderos). Pedro de Valdivia llegó a Santiago de Nueva Extremadura con su personal de atención y sus milicianos. El panadero que llega junto a él se llamaba José María Pino que se instaló en el Zaguan de Santiago de Nueva Extremadura para fabricar pan y potajes diferentes dentro de los cuales su especialidad eran las empanadas. Se hizo tan conocido, que los compradores conocieron este producto como LAS EMPANADAS DE PINO."")
.
No se diga más. Acepto esta puntuación emitida por un erudito en empanadas y chileno avecinado en Perú hace ya más de 26 años y que se llama Humberto Suazo y laureado como el rey de las empanadas. Es la explicación más coherente, evidente y lógica que he escuchado al respecto, sobre todo porque también explica en cierta medida, esa curiosa asociación hispano-mapuche - que se manifiesta hasta hoy en los viejos asentamientos de los barrios de cada capital regional - entre panaderos de origen español y amasadores de estirpe mapuche para elaborar uno de los mejores panes de sudamérica. Créame usted; cada vez que salí de Chile lo que más extrañé fue el pan.

La más elemental de las empanadas es la que llaman "pequen" y es de pura cebolla no la he comido nunca así es que no te puedo dar opinión. No me atrevo.

Hay una ordinariez que consiste en un pan abierto con un chorizo adentro, conocido como choripan y es un asco, cuyo origen pareciera ser la medieval empanada gallega. Los gallegos, los gallegos. ¿Quién les dijo que esas eran las empanadas? Bromas a parte; es una curiosidad sorprendente la empanada gallega. Grande; como de 25 por 30 centímetros. Cuadrada y con dados de jamón. Tiene un relleno muy parecido a lo que aquí se llama " pichanga". Seguro que esta palabra también es de origen mapuche.

Me agradan mucho las de queso pero con masa de "mil hojas". Indudablemente la masa de mil y una hojas la inventaron los árabes. Lo digo por lo de las mil y una noches. Pero esa ya entra en el rango de los chefs y delicadezas de locales con mantel blanco y lino. Que para más remate hay que cortarlas con cuchillo y embucharlas con tenedor. No. Así no se puede. De igual modo todas las empanadas dulces me "suliberan", en particular la de alcayota con nueces y mi humilde regalona, la empanada de pera. Chiquita. Así de este porte. Es como una hija para mí.

Mis primeras empanadas distintas a estas que te explico, las comí en Retiro haciendo tiempo para viajar hacia Entreríos. Me gustó eso de que llevara arvejas y papas y son mis preferidas. Se las reclamo a cada amigo argentino que me invita a su casa, donde algunos me dicen que son salteñas y otros santiagueñas. A mí me parecieron rellenas con cazuela. ¿No sabes lo que son las cazuelas? Ya te explicaré algún día lo que son las cazuelas de mi mamá.

Lo que no me gusta es que después me ofrezcan "fernet". Me vienen tiritones. Pero apechugo. Para que sepas, cuando vaya a tu casa, no le hago asco al "Gancia".

Las brasileras de palmitos son las "top one". Insuperables. En Colombia les hicieron un monumento porque las hacen,... incluso con maní. Y en Venezuela con tiburón o "cazón" como le dicen. ¿Cómo lo hallas?

La empanada chilena ocasionalmente me indigesta por su alto contenido de cebolla, pero es una tentación sabrosa cuando se tiene mucha hambre. Y ni te imaginas la cantidad incalculable de sabores que se logran con el pino, lo que hace que sea una inmensa dificultad saber dónde se hace la mejor empanada y cuál es la empanada correcta. Yo creo que debe ser la empanada "casera" la más correcta porque recoge el estilo de las abuelas en cada familia. De esas son las que hizo mi hermana anoche. Fueron muy sabrosas las que llevaban ají. Pero no estaban en su punto correcto de sal, que es como el "punto G" del paladeo.

Has de saber que en mi casa no se come cebolla ni ajo. Estos elementos se consumen fuera de ella y para que veas; hacemos empanadas sin cebolla, lo que causa un asombro entre todos los conocidos pues el "pino" lo hacemos con acelgas, lo que debe ser una curiosidad en el país y ahora que lo pienso,... en el mundo entero. "¡Around the World!"

Yo prefiero la empanada frita y siempre en algún hogar con patio y no en un local a los pies de un edificio. Las insuperables son las de mariscos y entre estas, las de piure con su intenso aroma primerizo de virgen genital, pero entre una y otra; las elijo de queso solo, o queso con: ostiones o camarones o champiñones o tomate o pavo o acelga o jaiba, incluso pulpo o mariscos en general. Lo que pasa es que me gusta mucho el queso. En lo posible entre septiembre y noviembre a la sombra de un frutal de preferencia durazno, cuando sus flores están ya maduras y el sombreado es aromático momento que se conjuga gratamente con las manos cariñosas de esposas, hijas, madrinas y sobrinas solteronas de las que emana la paciente artesanía y la necesidad cariñosa de ser amadas por los estómagos de toda la familia. Por eso es que cuando se está muy lejos del hogar, uno ve una empanada y se pone a llorar..... Yo creo que en Chile la empanada de pino es un orgullo nacional. Una verdadera pasión dieciochera que significa 18 de septiembre y que es el día de la independencia, según los eruditos letrados de la historia de Chile. También pienso que si hicieran una bandera de la Unión Latinoamericana, debieran ponerle, en vez de un sol o una estrella o un cuerno de la abundancia; una empanada de horno. Se vería bonita esa bandera.

... Y ya no sigo más porque estoy a punto de irme a almorzar pues mi hija me ha traído un mango sour para empezar el almuerzo del domingo que será ají de gallina. Una delicadeza peruana que mejor ni te cuento.

Un abrazo.Te quiere mucho, el flaco pulento.
Gastrónomo Inter - Provincial de Latinoamérica.


Pstt!!. ¿Me puede usted decir qué tipo de empanadas le gustan?
.
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lunes, abril 23, 2007





RECORRIDO POR LAS COCINERIAS DE LA VEGA CENTRAL, ANTIGUA CHIMBA

(Para Enrique Rojas Guzmán)

27 de Enero Enrique y es mi cumpleaños; y el de Mozart, Carrol Lewis...
-... Y de la muerte de Dostoiewski. . .
-... Y de la grabación de Get Back de los Beatles.
¿Alguien lo ha saludado don Rubén?
- ¿Te atreves a cruzar al otro lado del Mapocho? ¿Vamos?
- Vamos.
Y ahí vamos con el Enrique Rojas. Doce y media de la mañana. Calor entre carretones, basura y frutas de la estación reventadas en los adoquines. Vamos con más hambre que la cresta. En nuestras caras pálidas alguien adivina y nos grita:
- ¡Caldo `e pata casero!
Nos miramos pa juntar valor.
- ¿Enrique?
- Que sean dos.
- ¡Dos caldo `e pata, palo chiquillos!

La marraqueta crujiente y un pocillo de greda atiborrada con pebre de cilantro con tomate y otro de margarina al por mayor están en la oferta.

Una diva morena de superiores caderas y señalados senos en la región toráxica famosa pone en la mesa una pata de cerdo en cada plato rodeadas por el caldo de remotas naciones respetado por suculento, graso y poderoso.
- ¿Un tecito en taza don Rubén?
- Muy temprano don Enrique. Sopiemos primero. Y sopiamos.
- Llegó la hora de hincarle diente a la pata Enrique.

Los cuchillos atraviesan una a una las capas delicadas, mansas y suaves que en las puntas del tridente tiemblan como mariposas primerizas antes de caer a dentelladas.

Un contertuliano gustoso, de la vecina mesa, recibe un maxilar inferior de cordero del que cuelga una lengua sin cuero y una dentadura sin memoria de sus piezas más remotas haciéndole el honor al degustante. Por menos de luca. No está mal.

- ¿A que hora es la cuestión?
- A las cuatro es la reunión en el Mall del Centro.
- ¿Y qué hora es?
- La una y media. Vamos a otra picá.
- ¿Un tecito con sanguchito don Rubén?
- ¿De pernil? ¿Arrollado de chancho? ¿Queso de cabeza?
- De pernil; don mister.

La marraqueta, el pan francés y el pan batido es una misma cosa = pan crujiente y dispuesto, listo ya. Un, dos, tres capas de un pernil recién cocido se posan sobre el crujiente, previo embadurnado del soporte con margarina hasta el borde mismo de los dedos. El jamón rubicundo y su manteca etérea se derriten entre lengua y paladar. Perfecto. Seguimos apretando la bolsita de té para darle un sabor más áspero y mejorar el bolo alimenticio. Tarea cumplida en diez minutos.
- No tendrán,. . . aspirina,. . . silicona,. . . ¿Cómo se llama?,. . . ¡Sacarina!
- Como se te ocurre. Tómatelo así nomás. Para que te corte la grasa.

Caminamos acalorados entre cajones de fruta, borrachos cargadores, que no es lo mismo que decir cargadores borrachos; son oficios distintos, mujeres del comercio ambulante, perros transeúntes que conocedores del Reglamento del Tránsito se detienen ante un paso de cebra y palomas peatones que vitrinean frente a los locales de La Vega como nanas que se pavonean de lo lindo. Ni a patadas logramos que alcen vuelo de este nivel de piso terminado. Saben donde está la papa.

- Son las dos de la tarde, la hora del almuerzo, Enrique.

Y el látigo de olores y vapores nos azota con inéditas, desfachatadas y las más fuertes tentaciones. Las cocinerías que nos flagelan, ofrecen porotos con rienda, guatitas a la jardinera, charquicán, lentejas de la Abuela, riñones al jerez y las prietas con puré.

En la calle asoleada miramos hacia el vano oscuro de un bodegón del que emerge la imagen de un viandante cabizbajo frente a un caldo de huesos salpicado con ají color, cebolla pluma y trozos de media papa cortada a lo largo. Al fondo del plato se ven los huevos duros cortados en rodajas, el perejil picado y los restos de asado del día de ayer. Se le asoman los primeros goteos en la nariz y parece que va ha empezar a llorar de emoción. Ajiaco. Antes de dar por iniciado el llanto, el viandante remoja con el dedo parado un ají verde despepitado, partido en dos. Se acordará de su madre. Llanto asegurado.

- ...Pero hay un gil cantando con guitarra.
- ¿Y?
- No me gusta que me escupan en el plato.

¡Qué charquicán tan sabroso!
Con porotos y choclito,
perejil y oreganito...
tentaba al menos goloso.
Y para colmo de dicha,
cebolla, ají en escabeche
y, en vez de vino-campeche,
una botella de chicha


Al frente una pizarra escrita como Dios manda, esto es, sin faltas de ortografía, le ofrece al caserito lo siguiente: carne al jugo con arroz, porotos granados con mazamorra, carbonada, cazuela de ave, pulpa asada, prietas, pollo asado, pollo arvejado, pescado frito más acompañamiento, sopa de pantrucas, pan y ensalada a la chilena y/o surtida, más un vaso de jugo o bebida. Aceite y sal sin mantel ni servilleta. Todo por mil doscientos pesos. Y la propina corre por su voluntad, dependiendo del gusto que le cause el bamboleo de esas caderas anchas y ajenas como el mundo mismo, de la hija de la señora Rosa y su abuela desalmada que al fondo de la cocinería pela pollitos con agua caliente.

- Esta es picada Enrique. Ta cantando Lucho Barrios.
-
...“ Yo creo que a todos los hombres..
... les debe pasar lo mismo...”

- ¿Entramos don Rubén?
- ¿No me hará mal don Enrique?
- ¡Cuatro prietas con puré más ensalada surtida!

La hija de la señora Rosa, Carmencita Silva, prepara el repollo muy picado, que es la forma correcta de servirlo, lechuga escarola en hoja entera, betarraga muy cocida y fría y tomate con cebolla pluma. Generosa y feliz satura el plato con sonrisas, sal, limón y aceite Miraflores. Los vegetales llegan todos libertinos, iluminados, resplandeciendo con sus gotas de rocío. Se pasa la mano que aún sostiene la cortante por la frente y suspira satisfecha de su labor mientras las gotas de sudor le corren brazo abajo y luego continúa con otros clientes.

Su madre, la señora Rosa Martínez, nos trae humeando las piezas de caza demandadas, esto es: dos prietas cocidas, de color café - moro como dos siamesas unidas por sus pitillas hervidas coronando el puré amarillo como un sol. ¡Ah!...Las tiernas prietas, cual paté foie, que al cortarlas tiemblan como una princesa enamorada en su noche de bodas y que se abren en una erupción de vapor dejando ver la masa oscura de la sangre sazonada que está diciendo a gritos; acompáñenme con vino blanco, por favor.

No hacia falta más. Y partimos con un carola de una estrella solitaria como en la bandera, frío; y que alcanzó justo para la última dentellada. Nos echamos para atrás y suspiramos mirando los alrededores.

- El postre Enrique,... el postre.
- Yo lo guío don Rubén, sígame.
- Crucemos.

Cruzamos raudamente la avenida sumamente ancha, frente a la vieja estación de ferrocarriles de El Mapocho. Centro Cultural Estación Mapocho, oye, y la boca te queda ahí mismo.

¿Nunca vieron correr a Enrique?
Pues déjenme decirles que corría a saltos por la avenida General Mackena, sobre la punta de sus pies, más ágil, ligero y veloz que el hada Campanita. Sólo que su impulso inicial alcanzaba para seis metros razón por la cual llegó a la otra orilla jadeante y sudado al punto de un colapso para introducirme a un topples.

- Enrique ¿cuál es la idea?
- ¿Es que no me decías: el topples, Enrique... el topples?
- No Enrique; te dije: el postre, Enrique... el postre.

- ... ¡Al Hoyo! Vamos altiro al Hoyo. Al bajativo de un terremoto exprés.
Y allí estábamos bebiéndonos ese elixir dorado de pipeño, frío y burbujeante con un helado de piña, de esos de la micro, flotando jabonosamente dentro del amplio y generoso vaso.
- ¿Con réplica o sin réplica?

"Tengo chicha vieja y rica,
buenos fiambres y ensaladas,
cerveza, coñac, ajenjo,
ponche en leche, ponche en agua;
en fin, licor no queda,
pues hay de todas layas,
cazuela de ave, bistekes,
huevos pasados por agua
huevos fritos y a la piedra
y otras muchas zarandajas.


- Tres y media Enrique, tamos atrasados y pasados a trago. Vamos.
- ¿Pasemos a tomar un café helado para matar el tufo?
Y allí estábamos bebiéndonos ese elixir de café frío y azucarado con su helado de vainilla, de esos de la micro, flotando jabonosamente dentro del vaso "diet".
- ¿Con réplica o sin réplica?


- ¿Qué hora es?
- Diez para las cuatro. Y aún no puedo pronunciar en forma invicta; “Alejandro Rodríguez”.
- Don Rubén, usted no estaría pasando la prueba.
- Y usted don Enrique,... tampoco.


Si ustedes desconocen la expresión: ... “Alejandro Rodríguez“..., permítanme decirles que si logran pronunciar límpidamente y sin tropiezos esas palabras después de beber lo que bebimos con Enrique, quiere decir que pasarán sin alborotos la más difícil prueba de Alcotest.

- Oye; en el mall hay un café. Tomemos un exprés para matar el tufo.
Eso nos acercaba al Mall del Centro, lugar de la reunión y vertiginosamente subimos al patio de comidas, vía escalera mecánica, donde se encontraba la cafetería “ Cory”. Pedimos un café exprés y un cortado.

Y allí estábamos bebiéndonos ese elixir de café denso, espeso, negro y azucarado con su galletitas de juguete y su píldora de chocolate.

Alguien desde una mesa lejana nos saluda. Respondemos recatada y pudorosamente con un movimiento de cabeza para no llamar la atención. Continuamos nuestra charla soterrada cuando vemos que se nos acercan Rosenberg, el Gerente General de la Inmobiliaria y mandante de nuestra empresa con su Gerente de Manutención y Operaciones a congratularnos con sus mejores sonrisas.

- Pero qué alegría saludarlos. ¿Vienen a la reunión?
Me levanto de la mesa para agradecer tan grata bienvenida y Enrique a su vez se levanta de la mesa para saludar, . . . cuando veo a mi amigo Enrique Rojas Guzmán en toda su expresión post - almuerzo: corbata colgando a la altura del ombligo derecho. Una manga de la camisa sin botones sobre la punta de los dedos y la otra manga muy afuera de la chaqueta manchada con los restos del caldo de patas. Camisa desabrochada a lo menos en los cuatro primeros botones a objeto de que se le viera lo pelo en pecho que era. Mitad de la camisa fuera del pantalón. Un suspensor sin abrochar. Bragueta abierta. Sudor. Sonrisa bobalicona con restos de perejil, tambaleo sutil y los anteojos con un lente menos. Y yo no debo haber estado mejor.

Luego de los saludos de rigor y despedidas. Nuestros gerentes vuelven a sus mesas y Enrique me comenta:
- ¿Te diste cuenta con qué respeto y afecto nos saludaron? Somos autoridades - compadre - autoridades. Y le contesto:
- Si,... “Alejandro Rodríguez”...


Comienza la reunión tipo cuatro y media y pregunto:
- ¿Cuál es el objeto de la reunión?
- Tenemos problemas con el alcantarillado de aguas servidas. Se nos rebasa la cámara eyectora de los baños públicos y tenemos el subterráneo inundado en aguas servidas y sus respectivos monumentos.

Ahí recién me acordé que era urgente ir al baño. Y cuando me dirigía hacia él, escucho la voz en sordina de Enrique Rojas:
- . . . Don Rubén; nos faltó pasar al Hotel San Francisco. . .
por el pisco saguer. . . .

Día redondo.
.
.
.

sábado, abril 14, 2007










ESE COSTILLAR DE ROCINANTE Y LAS TRES LETRAS MUNDIALES DE AQUEL NOMBRE.

(4800 palabras dedicadas a Jorge Abarca,Jorge Kornbluth, José Agustín Vásquez y a los que se sumen a pensar sin sus prejuicios).

Un prólogo innecesario
A un lugar de mi casa de cuyo nombre pocos se acordarán, han llegado; un comunista al día en sus cuotas del partido, un judío que no es errante pero es muy económico, un nacional socialista que no es contra comunista y el que escribe, que no sé cómo me definirán pero me siento como de la vieja guardia izquierda cristiana pero poeta. Tal vez sea algo de cada uno de ellos y nada de lo que yo creo ser. Acaloradamente discutimos sobre el comunista que llega al poder y aplica impuestos a los pobres porque así lo establece la ley, cavilamos sobre el judío que ante el menor cuestionamiento nos dice “la guerra es terrible” y nos muestra sus marcas; por más que le digamos que no nos extorsione con el holocausto para justificar lo que le hacen a los palestinos, blasfemamos sobre el nacional socialista que se va de viaje a Cuba con el amor de su vida que es de izquierda y echamos pestes sobre el poeta que escribe muy mal, según sospecha uno que no escribe, ni piensa, ni es; y al cual nadie la ha dado la palabra. Como diría Dominique Aubier: estaban pues; judíos, moros y cristianos cada uno en sus días santos: viernes, sábado y domingo cenando sus lloros y quebrantos, sus lentejas y su palomino, tristemente masticando.

¿Quién puede entender los códigos del mundo en que vivimos si ni siquiera entendemos los códigos del Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha? No entienden aquellos que piensan: “a José Agustín se le está secando el cerebro por saludar desde la vereda del frente a ese CHE adalid sin par.” Sí entienden los advertidos que miran cómo se responde a ese saludo cruzando a su vez, a la vereda del frente.

I
”¡Cuánto respeto por sus enemigos tiene un hombre noble! y ese respeto es ya un puente hacia el amor... ¡El hombre noble reclama para sí un enemigo como una distinción suya. No soporta, en efecto, ningún otro enemigo que ese en el cual nada hay que despreciar y sí muchísimo que honrar!” En este acierto de Nietzsche (Genealogía de la Moral) se basa el celoso texto, “El costillar de Rocinante” de José Agustín Vásquez y explica en buena parte las fantasías de emulación que genera la figura del Che en idearios o mundos políticos frontalmente distintos pues sólo en él son visibles las cualidades que reinterpretan el yo soberano. Esa silueta que merece desde la visión gallarda y principal, exultante de nobleza casi sacerdotal, la mayor de las admiraciones y al mismo tiempo el desprecio ciego de los infames, indignos pesimistas o
mezquinos descreídos. Si; leyeron bien: mezquinos descreídos.

El gustillo bochornoso que se dan algunos para reinterpretar la epopeya o vía crucis, locura o como quiera llamársele a la expedición boliviana del Che, extirpándolo de los principios de la izquierda y que delinearon cada una de las acciones del comandante es algo que no se le puede conceder a ese texto lleno de reinterpretaciones asertivas, acertadas y también antojadizas. Ese
texto es de intuitiva lucidez clarividente y sutil manipulación.

El panegírico que se levanta de la figura del Che, tiene toda la retórica subliminal para extirparlo de su tronco ideológico partiendo por descalificar a la izquierda “feminista, pacifista, libremercadista, conservadurista” ¿Y qué más? Eso es un ataque a la izquierda. Pueden seguir los apellidos hasta el infinito o por lo menos hasta donde lo permitan los ismos pero de la cual jamás se podrá extirpar la palabra izquierda. Está claro que te refieres a la izquierda optimista de los 60 y a la masacrada de los 70 que para algunos terminó en las lúgubres morgues del exterminio activadas por la falaz Doctrina de la Seguridad Nacional y para otros “en el museo de las curiosidades históricas”.

Amigo y cercano camarada; hay demasiados muertos como para soltar esa frase sin culpas y que son más propias de un ebrio turista europeo bañándose en las tibias aguas de Varadero a la sombra de un cocotero que de un latinoamericano acostumbrado a las miserias de las mentiras de las grandes centrales plutocráticas que tanto gustan del ecoturismo y de los autóctonos tapados con hojitas de parra. Esa métrica ideológica de los 90 me conturba, toda vez que estando ya en el siglo XXI y próximo a mi odisea en el averno, ambiciones ensayar un análisis de nuestro antepasado político como si éste fuera un espécimen de la contienda troyana o napoleónica sin advertir a tus lectores que en él se expresa la esencia nietzscheana: del superhombre, espíritu solitario, heroico y voluntarista.
Para los ochenta, las izquierdas ya estaban casi todas muertas. Al menos eso creían los que, vieron caer esas “descompuestas unidades políticas comunistas”. Pero las cenizas son muy exiguas como para no advertir que bajo ellas el fuego es eterno. Sé que esto es más un giro retórico que una verdad pero ¿quién puede tener la liviandad cómo para decretar defunciones de lo que ha sido auténticamente y desde siempre, el motor de los cambios históricos? Créeme que me refiero más a las vanguardias, que a la misma izquierda pero ocurre que la vanguardia ha sido querámoslo o no, el territorio donde ha campeado la izquierda desde siempre. Eso para empezar. Y esto de Nicolás Guillen también:

No porque hayas caído
tu luz es menos alta.

II
En esta especie de Infierno del Dante que ocupan tus lectores y advirtiendo que entre los “recintos de tus infiernos” y el cielo de sus opiniones se da la lucha entre la Nada y la Divinidad, emito mi opinión sobre los comentaristas que concurren a tu texto. Sé que todos aspiramos a esa Divinidad esperando que la palabra sea la que nos dé ese toque de eternidad aunque la mansión de los justos nos sea negada, seguramente por un iletrado. ¿No lo eran esas hordas antediluvianas que asolaron nuestro país? Aclarado esto, voy lanza en ristre sobre tu texto y los molinos de viento que te asolan sintiendo siempre el retumbar de los cascos de Rocinante.

a) Primero hay que partir incluyendo a los comentaristas perimetrales de tu texto que pasan sin decir ni pío y os prodigan sus flores siemprevivas como quien las tira a la fosa común de muchos muertos. De esos no hay nada que decir.

(Y nos comunican a nosotros con el otro lado y nos informan que – “papá cansado”. Papá = el líder de la guerrilla y cansado = que estaba preso, herido y vivo.)

b) Después están aquellos que por leer Che, piensan que el texto viene de la izquierda y tachan. Con esos no hay nada que hacer.

(Él trató de interrogar al Che. El Che estaba amarrado de pies y manos en el suelo y cerca de él tenían el cadáver de dos cubanos)

c) Otros creen que viene de la derecha y también lo tachan sin dar pie a su lectura. Esa curiosa y arcaica actitud simétrica de izquierdas y derechas son dos espejos inmutables de límites avaros que se miran frente a frente y es,… muy poco urbana. No hace el adecuado cumplimiento a las reglas de un Perfecto Caballero y dado que no soy nadie para reprochar, merece de mi parte tan sólo una mueca de silencio. Quienes tienen nobleza esclarecida, sabrán de lo que estoy hablando, quienes no; abuchearán como villanos.
(Él trató de hablar con el Che, el Che lo miró y no le contestaba nada. El Coronel obviamente se molestó y le dijo: - Ud. invadió mi patria, lo menos que puede hacer es contestarme. El Che no le contestó)
d) Están por allí aquellos que adorando el liderazgo indiscutido del Che en emulaciones a uso y costumbre de las Balillas o avanguardias y que entiendo como expresiones infantiles de los Facis de Combattimento o de los jacobinos de la Revolución Francesa o de los bolcheviques de Lennin, no pueden soslayar la contundencia de un líder carismático que expresa la fuerza que debe acompañar a todo acto político, del cual ellos han carecido históricamente y que por lo mismo envidian a esa izquierda que sustenta con orgullo fiel, ese fiero emblema.
(…entonces me comunico de órdenes superiores: 500- 600. Ya yo sabía porque habíamos hablado antes que el código 500 significaba el Che,… y 600 significaba muerto y 700 significaba vivo. Era 600)

e) Están más lejos aquellos convencidos que el Che es el rostro de la boinita que sirve para colgarla en los partidos de fútbol sobre apátridas banderas, tatuársela en la barriga de un ex ídolo futbolero porque allí se sustenta una vana emoción nostálgica de no se sabe qué. ¡En la barriga! Pueriles y vergonzosamente hueras son las cosas del fútbol.
(- Mi capitán; el Chausedo quiere una foto con el prisionero.
Entonces, yo lo miré y le dije:-¿Comandante, le importa?
Y me dijo: - No; a mí no.-)
f) También por allá pululan aquellos que saben que el Che es el hombre de todas las razas, credos, edades. Es el hombre que está entre el cielo y la tierra. Dirán: está globalizado y por lo tanto su figura se hace acreedora a las recompensas divinas. Él ha sido bendecido por el libre mercado con banderines y chapitas, llaveros y vasos plásticos. Intentarán con su aluvión consumista diluir su diamantina densidad y que tan bien versó un poeta cuyo nombre he olvidado:
(Y en ese momento, yo le puse la mano alrededor al Che y le dije:
- "Comandante, mire al pajarito”. Y el tipo se murió de la risa.)
Lo han cubierto de afiches
de pancartas de voces en los muros
de agravios retroactivos
de honores a destiempo
lo han transformado en pieza de consumo
en memoria trivial
en ayer sin retorno
en rabia embalsamada
han decidido usarlo como epílogo
como última thule de la inocencia vana
como añejo arquetipo de santo o Satanás
y quizás han resuelto que la única forma de desprenderse de El
o dejarlo al garete
es vaciarlo de lumbre
convertirlo en un héroe
de mármol o de yeso
y por lo tanto inmóvil
o mejor como mito
o silueta o fantasma
del pasado pisado
sin embargo los ojos incerrables del Che
miran como si no pudieran no mirar
asombrados tal vez de que el mundo no entienda
que treinta años después siga bregando
dulce y tenaz por la dicha de los hombres.(0)
Después de este poema yo no debiera decir nada, pero sigo:
g) Hay algunos cercanos a estos últimos que entienden lo que de animal totémico posee el Che; especie de deidad teriomórfica de la revolución, como los mascarones de proa que se pierden y renacen en viajes de ida y vuelta al confín de la memoria y lo enarbolan ante cualquier asomo de oleaje multitudinario. Lo asocian a la iconografía místico-religiosa de occidente y sus fotografías se emparientan al Martirio de San Esteban o a La Deposición de Cristo de José de Rivera o de Andrea Mantenga. Pero su templo no son las catedrales ni las patrias, si no el pecho de los dignos.

(…y le dije: - Comandante, lo siento, yo he tratado pero son órdenes superiores del alto mando. Mira, se puso blanco como un papel y me dijo:
- Es mejor así, yo nunca debí de haber caído preso)

("Déjenme decirles, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad".Che)

El Che Jesucristo
fue hecho prisionero después de concluir su sermón en la montaña
(con fondo de tableteo de ametralladoras)
por rangers bolivianos y judíos
comandados por jefes yankees-romanos.
Lo condenaron los escribas y fariseos revisionistas
cuyo portavoz fue Caifás Monje
mientras Poncio Barrientos trataba de lavarse las manos
hablando en inglés militar
sobre las espaldas del pueblo que mascaba hojas de coca
sin siquiera tener la alternativa de un Barrabás
(Judas Iscariote fue de los que desertaron de la guerrilla
y enseñaron el camino a los rangers)
Después le colocaron a Cristo Guevara
una corona de espinas y una túnica de loco
y le colgaron un rótulo del pescuezo en son de burla
I N R I : Instigador Natural de la Rebelión de los Infelices
Luego lo hicieron cargar su cruz encima de su asma
y lo crucificaron con ráfagas de M-2
y le cortaron la cabeza y las manos
y quemaron todo lo demás para que la ceniza desapareciera con el viento.
En vista de lo cual
no le ha quedado al Che otro camino que el de resucitar
y quedarse a la izquierda de los hombres
exigiéndoles que apresuren el paso por los siglos de los siglos… (1)
…Después de este poema yo no debiera decir nada,… pero sigo.
h) Por otro lado están los nuestros que profitan del crisol de su bravura creyéndose en sus poltrones herederos de su linaje y de su audacia porque le prenden velita como a las animitas una vez al año y mantienen sus objetos personales como reliquias en el frío de escaparates vidriados de taxidermistas y dicen que está vivo para cobrar entradas por cada visitante al mausoleo de la revolución.

(Entonces, sacó una pipa que él tenía y me dijo:
- Quiero entregarle esta pipa a un soldadito que se portó bien conmigo - y en ese momento el Sargento Terán, que fue el que estaba ejecutando a todos los prisioneros allí en el área, irrumpió en la habitación y dijo:
-Yo quiero la pipa, mi Capitán, yo la quiero-.
El Che agarró, retiró la pipa y dijo: - No; a vos no te la doy.)

i) Estamos y somos esos que reconocen en el Che a un prócer de la Patria Grande.Aquí no puedo dejar de citar una frase de Unamuno cuando define patria. ¡Lee hombre, lee!: “El desarrollo del amor al campanario de la aldea sólo es fecundo y sano cuando va de par con el desarrollo del amor a la patria universal humana; de la fusión de estos dos amores, sensitivo sobre todo el uno y el otro sobre todo intelectual, brota el amor patrio". ¿Quién otro si no el Che podía encarnar esa elevada y utópica cosmovisión unificadora en la que cabemos todos para abrazarnos a ese espíritu solitario y heroico capaz de atar todas la haces? Tú sabes de qué hablo.

(Él tenia la pipa pegada al cuerpo y entonces le dije: - Comandante, me la da a mi?. Se quedó pensando por unos segundos. Me miró y me dijo: -Sí, a vos sí te la doy. Me la dio y me la guardé en el bolsillo izquierdo de la camisa del uniforme y entonces le dije:- Comandante, puede hacer llegar algún mensaje)

j) Están más lejos los desvergonzados que socarronamente y como tú dices, acusaron de “infantilismo revolucionario”, “romanticismo anárquico” o “aventurerismo voluntarista” ha ese hombre que con el arma de su carácter intentó virar la historia y hoy no trepidan en enarbolar como suyo su rostro porque muy a sus adentros atisban que la sociedad debiera personificarse en un ser moral y humanamente superior. Ese que también buscaba Nietzsche. Aquí estarían con vergüenza los de la izquierda extraparlamentaria que pagaron con muerte y persecución culpas ajenas, tan sólo por su “vocación de poder”; ese poder que no era tal en aquel entonces. ¡OH; la disciplina partidaria! Sé de muchos que quisieron correr a ese llamado de la sierra pero fueron contenidos por la seriedad de la oferta institucional.

(…decíle a Fidel que pronto verá una revolución triunfante en América)

k) También están los aquí presentes; asaetados de derrotas y pesimismos por herencia racial de siglos de dudas, de desconfianza y cobardías diarias que se sustentan en el escepticismo y practican desde su individual amargura o esquizofrenia maníaco-depresiva la intolerancia, por desprecio a los que siguen ese mar vivo de banderas rojas. Y porque sí. Aquí florean esos que se declaran anticomunistas, anticastrista, antichavistas, antiparlamentarios y anti lo que sea y que por lo general están más preocupados de su nariz y menos de este tipo de lecturas. Por lo tanto no te leerán a ti ni a mí. Pero me estoy virando hacia lo patológico. Discúlpame.

…si puedes,… decíle a mi señora que se case otra vez y que trate de ser feliz)

l) Aquellos que son incapaces de ver; hablan como Sancho Panza y vagan como la raza perdida de los lotófagos homéricos. Esos que se alimentaban de las flores de olvido y que ya ni recuerdan cual es su verdadera patria, seguramente aquí pulularán los de la izquierda renovada, la “izquierda caviar” que siempre ha de montar El Rucio y no un rocín.

(Fueron sus últimas palabras. Fue adonde estaba yo, me dio la mano, un abrazo, y de ahí se retiró y paró enfrente pensando que era yo el que le iba a tirar. De ahí salí de la habitación. Aquello estaba lleno de soldados afuera. Me dirigí al Sargento Terán que sabía que estaba siendo de ejecutor de todo eso. Y le dije:
- Sargento hay instrucciones de su gobierno de eliminar al prisionero).

m) Y están quienes piensan que lo del Che fue una quijotada sin saber que el verdadero designio de ser un Quijote no viene exactamente de la carcajada de un loco que "siente bajo sus talones el costillar de Rocinante y vuelve al camino con el adarga bajo el brazo… "(3) si no que viene de un hombre culto, quien sabe que afuera de su hogar hay inmensas tareas por cumplir, como por ejemplo:…enderezar entuertos,…enmendar sin razones,…mejorar abusos,…satisfacer deudas,…liberar cautivos,…deshacer agravios y reconocer pura y prístinamente a:…los maléficos gigantes,…los perversos magos…y los engendros malnacidos. (3) ¿Quién otro, si no un hixosdalgo parado al borde izquierdo del camino de los pueblos pudo tener la osadía para plantarse solamente con su dignidad desnuda frente al imperio más grande jamás conocido por la historia de la humanidad?¿Quién otro ha sido fiel hasta la muerte en la causa que creyó?

(Era aproximadamente la una de la tarde de Bolivia).

n) Y por lo que te conozco, émulo de Alonso Quijano:”…casto en los pensamientos,…honesto en las palabras,…liberal en las obras,…valiente en los hechos,…sufrido en los trabajos,…caritativo con los menesterosos y finalmente mantenedor de la verdad, aunque cueste la vida defenderla: …” reconocerás que todo esto no puede ser la Nada que tú sospechas y que la mejor montura no es Babieca, ni Bucéfalo, si no el jamelgo Rocinante del Quijote; rocín antes de lo que ahora era, que era antes y primero de todos los rocines del mundo(4) transitando siempre por el camino correcto, culto, educado, amable, atento y civil ¡He aquí “el bello reclamo de la idea por lo cual se muere”!(5) ¡A quien puede importarle alguna otra cosa que no sea el éxito del hombre! Y cuando se sigue ese camino, yo, amigos queridos, no tengo dudas, el viaje es a la Divinidad.

(…y a la una y diez aproximadamente escuché una ráfaga pequeña. Y anote en el reloj que había sido la hora en que había terminado su vida…)

Vean ustedes; lo que son las cosas de la vida. Casi cuarenta años después de estos hechos, el sargento Mario Terán fue operado de sus cataratas en forma totalmente gratuita por médicos cubanos y gracias a la Operación Milagros. En el quirófano, Terán debe haber sentido la mayor de las fragilidades. Los médicos de Fidel, si hubieran sabido a quien tenían enfrente, tampoco habrían hecho nada distinto de lo que hicieron. Sanarlo.

ñ) ("Quiero decirte esto: no sé escribir cuando algo me duele tanto, no soy, no seré nunca el escritor profesional listo a producir lo que se espera de él, lo que le piden o lo que él mismo se pide desesperadamente. La verdad es que la escritura, hoy y frente a esto, me parece la más banal de las artes, una especie de refugio, de disimulo casi, la sustitución de lo insustituible. El Che ha muerto y a mí no me queda más que silencio, hasta quién sabe cuándo; si te envié este texto fue porque eras tú quien me lo pedía y porque sé cuánto querías al Che y lo que él significaba para ti.Aquí en París encontré un cable de Lisandro Otero pidiéndome ciento cincuenta palabras para Cuba. Así, ciento cincuenta palabras, como sin uno pudiera sacarse las palabras del bolsillo como monedas. No creo que pueda escribirlas, estoy vacío y seco y caería en la retórica. Y eso no, sobre todo eso no. Lisandro me perdonará mi silencio, o lo entenderá mal, no me importa; en todo caso tú sabrás lo que siento. Mira, allá en Argel, rodeado de imbéciles burócratas, en una oficina donde se seguía con la rutina de siempre, me encerré una y otra vez en el baño para llorar; había que estar en un baño, comprendes, para estar sólo, para poder desahogarse sin violar las sacrosantas reglas del buen vivir en una organización internacional. Y todo esto que te cuento también me avergüenza porque hablo de mí, la eterna primera persona del singular y en cambio me siento incapaz de decir nada de él. Me callo entonces". Julio Cortázar).
Cortázar sí sabía, que después de esto no había que escribir más...

III
Finalmente; contradiciendo y al mismo tiempo compartiendo tu emplazamiento en el cual pides razonar en términos políticos, decido porfiadamente razonar sobre la base de la ética y la estética. ¡Cómo no razonar desde allí cuando se ve que la revolución se desgrana por el hambre y la apatía injusta de sus hermanos ante ese bloqueo cruel inclemente e inhumano y que algunos justifican con la lógica y el adoctrinamiento ideológico de los años sesenta y setenta!¿Cómo razonar en términos políticos? Macchiavello decía que no es importante el triunfo de la verdad, sino el” triunfo biológico de la voluntad de poder” porque al fin de cuentas ¿quién puede creer que está cercano a saber qué es la verdad? Entonces lo que importa es el poder. La verdad se supedita a él. Y hay que ver qué voluntad de poder se tiene cuando éste se alcanza. Esta última reflexión alcanza más para el materialismo histórico de las derechas que el de las izquierdas aunque me desmienta la nueva Rusia y el gatopardismo me compruebe reiteradamente, lo que decía el sobrino del Príncipe Fabricio: “hay que hacer el cambio para que todo siga igual”. Debo ser sincero con ustedes pues esta ambigua reflexión cruza una y otra vez por mis convicciones, me martilla con su “a veces creo y a veces no.” ¡Que ganas de cumplir sin culpas esa frase: “no debemos juzgar las obras si no amarlas.” (6)

Me dirán que estoy confuso, que me equivoco, pero estoy cierto de que debo honrar mi palabra hacia lo que alguna vez creí. José Agustín y Jorges; desde mi visión quiero decirles a ustedes, lo que en su momento le dije a Alicia; quienes hablan contra la revolución no saben lo que es mirarla de frente, cara a cara y día a día. Se acaban las especulaciones y las interpretaciones de la historia, se concluyen las disecciones a la libertad y a la igualdad. Los que hablan contra la revolución creen que es política, pero es dignidad. Creen que es de oponentes, pero es de valientes. Creen que es de estrategia, pero es de arte. Por eso es que no la entienden. Porque su lógica transita por un alto componente ético-moral y se intuye por textos como el de José Agustín y como este que les escribo.

En esos textos, aparentemente hay un profundo abismo que los separa pero al cual ambos terminan cayendo juntos porque la raíz de ambos está fundida en una sola ética. Ante esto; ¿quién puede hablar de desencanto? No se trata como creen, de mitos, quijotadas, agonías o derrotas si no de una triste rabia y una sincera y serena esperanza en esa Patria Grande que traerá la dignidad hacia nuestros pueblos.

IV
Un epílogo necesario.
Se dice que la escritura sólo revela sus misterios a sus amantes. Los no iniciados pasan por su lado sin mirar. Y aquí develo lo que decía Don Quijote; “Son soldados y caballeros los que ponen en ejecución, aquello que otros piden al cielo, el bien de la tierra". De Perogrullo; sin praxis no hay profecía que se cumpla. ¡Que bello nombre elegiste para ese texto!…"El costillar de Rocinante”, frase extraída de una carta del Che dirigida a su padres antes de partir hacia la sierra ¿Viste? Cita al Quijote y no alguna máxima de Marx. Han de saber ustedes que se prohibía viajar a Las Indias a quienes llevaran en sus venas sangre judía, musulmana o practicara doctrinas heréticas,... ¿se dan cuenta que ninguno de nosotros cuatro, en aquel entonces, podría haber entrado a América? sin embargo nos llegó el Quijote no para observar la realidad tal cual es y preguntarnos ¿por qué?, si no para imaginárnosla como nunca ha sido imaginada y preguntarnos ¿por qué no? (7)Al fin y al cabo “la vida auténtica está por ahí” (8) cerca de lo que es el Che y por donde vaga mi yo verdadero, mi yo supremo.Jesucristo, Don Quijote y yo, somos los tres grandes majaderos de la historia, decía Simón Bolívar, pero él aún no sabía de la existencia de esas tres letras mundiales de aquel nombre, todavía. ©
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Cayó Rocinante y fue rodando su amo una buena pieza por el campo y queriendo levantarse jamás pudo: tal embarazo le causaba la lanza, adarga, espuela y celada, con el peso de las antiguas armas. Y, entre tanto que pugnaba por levantarse y no podía, estaba diciendo:
- Non funjáis, gente cobarde; gente cautiva
atended que no por culpa mía,
si no de mi caballo, estoy aquí tendido.(
9)

(0) Mario Benedetti
(1) Roque Dalton; asesinado en 1975.
(2) (3) (4) (9) del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.
5) José Agustín Vásquez Márquez
(6) José Ortega y Gasset
(7) George Bernard Shaw
(8) Arthur Rimbeau
Octubre 2006